La IA, ¿una amenaza para las compañías de software?
El mito de la diversificación
Se suele enseñar en las facultades de Economía y escuelas de negocio que la diversificación es una forma sensata de crecer para una empresa, y es común que tal estrategia se defienda con la máxima “No tener todos los huevos en la misma cesta”, en el entendido de que, si esa única cesta se cayera, se romperían todos sus huevos. Como cualquier verdad tópica, es mentira en muchos casos. Suelen predicarla quienes no corren riesgo. Tirarle a todo lo que se mueve puede destrozarte los pies.
El riesgo de crecer en lo que una empresa tiene “oficio” puede ser menor que el que se produce al dedicar sus ganancias a desarrollar nuevos negocios, nuevas cestas que hay que alimentar. A la postre, el riesgo es financiero. La rentabilidad que auguran nuevos sectores puede consumir el músculo y el saber hacer de una compañía que se embarca en entornos en los que carece de relaciones institucionales e imagen. Si, por ejemplo, una compañía se lanza a competir en actividades en las que operan otras de las que es suministradora, la reacción natural de esas empresas será dejar de ser tus clientes, e intentarán atacarte, siendo más poderosas y experimentadas en tu nuevo mundo.
Dedicar ganancias a amamantar nuevos negocios atractivos merma a corto plazo tus fondos propios y tus límites de endeudamiento, y con ello la rentabilidad del accionista. Requerirá una atención extra que puede exceder tus capacidades de dirección y control. El llamado “mito de la diversificación” consiste en perder seguridad confiando en una supuesta protección: tener muchas cestas con huevos de gallina, avestruz o urogallos en expansión coyuntural puede hacer del oficio un sinvivir. Ante crisis severas –cada vez más frecuentes–, los negocios suelen caer al alimón.
Las empresas no son una bolsa de valores. Menos, aquellas cuya dimensión es pequeña, a las que un fraccionamiento organizativo las puede hacer vulnerables. Su riesgo operativo crecerá, y ahuyentará la confianza de sus financiadores continuos: la banca, de suyo reluctante a clientes embarcados en fuerte diversificación. Prefieren verte conservador que inestable por hiperactividad. Ver a sus clientes ganar razonablemente en lo que conocen, antes que temer por la multiplicación de sus proyectos. Quieren creer en su solvencia, y antes que eso, en su liquidez: en que devuelvas lo que te fían. Si no, se espantan. La protección atribuida a “muchas cestas” no asegura que no se casquen todos los huevos. Los tuyos, y los suyos.
El “mito de la diversificación” se basa en que tener muchos negocios a menudo resulta en una falsa sensación de protección: en crisis severas, se correlacionan y caen juntos. La diversificación diluye los beneficios sin eliminar el peligro. Tener demasiados frentes complica el desempeño coordinado y no mejora significativamente el rendimiento, pudiendo reducirlo. Warren Buffet, permanente empresario entre los más ricos del mundo, es creyente de la no-diversificación. Proclama la concentración en lo que se sabe hacer. Rechaza la estrategia de diversificación sin conocer a fondo los nuevos mercados. Paso corto y vista larga.
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