Desde la ciudad olvidada

José Manuel Moreno Arana

La Pasión olvidada (XXXII)

03 de marzo 2026 - 03:07

En una encrucijada de caminos estéticos adonde llega moribundo un estilo y otro parte nuevo. En un lugar de confluencia entre una estética de movimiento y teatralidad que se resiste a fenecer y otra de depuración y sobriedad que intenta imponerse. Ahí se emplaza esta escultura de la Virgen Dolorosa.

María arrodillada sobre un cojín con ademán implorante: manos entrelazadas y mirada al cielo. Una punzante inquietud palpita en la figura a través del nervioso drapeado de los paños, el adelantamiento de su rodilla derecha o el dinamismo contrapuesto de cabeza y brazos. La ruptura con la tradición castiza de la imaginería andaluza, y en particular, hispalense, la supone una severa policromía de colores planos y sin uso del oro en los ropajes. Una nota discordante, e incluso un efecto contradictorio, por comparación con el rico estofado del lujoso almohadón.

A finales del siglo XVIII este tipo de soluciones híbridas que pretenden sacudirse de lo barroco para abrazar al Academicismo lo afrontó el escultor valenciano Blas Molner. Afincado en Sevilla desde el último tercio del Setecientos, su trayectoria profesional se vio marcada por la renovación de la enseñanza artística a través de la creación y dirección de la Escuela de las Tres Nobles Artes pero también por una manera expresiva, distante de la teórica frialdad neoclásica, que le llevó a ser solicitado en una amplia zona geográfica. Hace poco publicaba en el Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid un estudio centrado de forma especial en su prolífico trabajo para la actual provincia de Cádiz, contexto en el que pudo crear esta obra. Conservada en la clausura de Santa María de Gracia, ha podido ser admirada en dos exposiciones recientes, la última organizada meses atrás por el 500 aniversario de este histórico convento.

stats