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Es un error analizar y valorar épocas pasadas con los principios de hoy.
Por eso que una chica joven, allá por el año 1957, que culminó sus estudios en la Escuela de Comercio para obtener el título de Peritaje Mercantil, no lo retirara de la Secretaría del centro ya porque las 500 pesetas que costaban las tasas de emisión era mejor destinarlas a otros menesteres, ya porque la mayoría de las mujeres en aquel tiempo renunciaron a estudios y a trabajo para dedicarse en tiempo y alma a su matrimonio y a sus hijos, es un hecho normal entonces pero no ahora.
Este asunto, el de los estudios finalizados y ese título que no se recogió, aparecía periódicamente en las conversaciones familiares.
Sesenta y cinco años después, esa chica, que ahora disfruta de los taitantos años acompañada afortunadamente de su marido, que le iguala en edad, al que conoció un domingo por la mañana en la Alameda Vieja oyendo el concierto de la Banda Municipal de Música de Jerez y de sus cuatro hijos/as y de sus nietos/as, en septiembre de 2022, recogió el referido título de la Secretaría del Campus Universitario de Jerez.
Esa chica, natural de Grazalema y afincada en Jerez desde su infancia, es mi madre y estoy orgulloso de ella.
Renunciar a sus estudios, a su trabajo, a su desarrollo personal y profesional, en favor de su matrimonio y de su familia, hoy en día, probablemente, sería una decisión totalmente contraria a la que adoptó, pero como digo es un error juzgar hoy lo que hace 65 años las mujeres de entonces decidían. Tiempos en los que el marido debía completar la personalidad jurídica de la esposa para casi todos los negocios jurídicos que le afectaban, en aplicación del Código Civil vigente, situación que afortunadamente acabó en 1981. Sólo queda reconocer la grandeza de sus motivos y agradecer inmensamente la dedicación a lo que mas quiere en su vida.
Poder retirar el Título de Peritaje Mercantil sesenta y cinco años después es un símbolo, un reconocimiento a su persona y a toda su vida. Es un gesto de agradecimiento de todos los que la amamos y de todos los que, de una manera y otra, disfrutamos de su compañía.
Además es de justicia que su nombre aparezca impreso en ese documento oficial que en 1957 no retiró y que es esa pieza del puzzle que se pierde en casa y que lleva sesenta y cinco años extraviada por los rincones de la memoria personal y familiar.
Estas palabras son un homenaje a su persona y a la generación que nació en los años treinta del siglo pasado y que hoy disfrutan de sus taitantos años.
Un homenaje para reconocer su esfuerzo y sacrificio personal en pos de una España mejor. Pasaron privaciones, penurias, limitaciones y a pesar de todo siguieron adelante y mantuvieron el futuro con ilusión.
Con el paso de los años lograron que la vida fuera mucho mejor y que las generaciones futuras disfrutemos de lo hoy en día tenemos.
Por todos ellos, en especial para esa chica joven que acabó sus estudios en 1957 y que en el mes de septiembre de 2022 recogió su título de peritaje mercantil, sesenta y cinco años después, gracias infinitas y el reconocimiento mas profundo a su persona y a sus logros.
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