El parqué
Avances sólidos en Europa
El presidente del gobierno parece no haberse enterado de quién manda en el mundo occidental. Quizás sea por celos o por afán de notoriedad, pero lo cierto es que le ha tocado los dídimos al rubio de New York. No sé si piensa que el caudillo comunista de Pekín vaya a dirigir sus misiles a Rabat, cuando el reyezuelo alauí dé la orden de invadir Ceuta y Melilla, con la sonrisa cómplice de Donald Trump, que es su aliado. El comportamiento de nuestro presidente no puede ser más absurdo, si proviene de la inocencia; ni más malévolo, si deriva de un interés electoral cortoplacista.
Dispuesto a pasar a la historia, nada le vendría mejor que una declaración de guerra a los Estados Unidos de América, en defensa de la legalidad internacional, los derechos humanos, el calentamiento global y la agenda 2030. Se trataría de ese acontecimiento extraordinario que convulsione al electorado para arañar los votos necesarios que le perpetúen en La Moncloa.
Su actual apariencia enjuta, casi famélica, recuerda a los últimos soldados españoles que resistieron en Filipinas los ataques de los nativos, cuando los restos Imperio español habían ya sucumbido a las tropas norteamericanas. Buen trío formaría, con Fernando Rey y Tony Leblanc, vestido con uniforme militar de rayadillo. Quizás lo veamos vestido así. Su natural elegancia quedará resaltada con un buen atuendo a rayas.
Pero un político que busque el bien de su pueblo debe buscar la compañía y protección de sus aliados, de sus iguales. Siempre fue mal consejo enfrentarse al primo de Zumosol. Sólo en una ocasión, David venció a Goliat y fue por casualidad. Por regla general, conviene llevar en tu ejército a Goliat.
En fin, a falta de ver a un Pedro Sánchez entrando triunfante por la Quinta Avenida de New York, ensoñaremos con verlo en uniforme de rayas como a los últimos de Filipinas.
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