Hace una semana en el ciclo 'De Copa en Copa' celebrado en los Claustros de Santo Domingo alguien comentaba que poco a poco se estaba perdiendo el catavino jerezano. Esa copa bajita y ancha que ha servido durante tantos años para disfrutar del vino de nuestra tierra. Todo, en favor de un catavino más alto y holgado con la apertura más amplia. Para gustos los colores, pero es cierto que el catavino alto - o copa alta de jereces - que es en el que se servían los vinos de este evento de las Fiestas de la Vendimia, aporta un mayor disfrute organoléptico. Ya que a la vez que podemos saborear el vino estamos oliendo su aroma. Porque en la copa podemos introducir a la vez la boca y la nariz. Y eso es muy positivo para poder apreciar, en toda su plenitud, un vino tan complejo como el de Jerez o la Manzanilla de Sanlúcar. Porque además, para desgracia del vino de Jerez, el catavino tradicional está asociado tan solo al aperitivo o a la Feria y por lo tanto no se acompaña el vino durante el resto de la comida, erróneamente. En cambio, el catavino alto sí aporta esa apariencia de copa de vino de mesa e introduce mucho mejor a los jereces en la comida. Y esto ocurre igual para los jereces o las Manzanillas. Aunque en Sanlúcar, más que el catavino tienen tres vasos donde disfrutar de su vino: la caña, el gorrión y la castora. La caña es un vaso pequeño y estrecho que equivale en cantidad a aproximadamente un catavino. Por su parte el gorrión es un vaso más grande que la caña, alargado, donde se sirve casi el doble de Manzanilla. Finalmente la castora es un vaso más ancho y grande que el gorrión, que se llena hasta arriba de manzanilla. Este último recibe su nombre de la copa de una chistera, tal y como se le denominaba en Sanlúcar de Barrameda.

De cualquier forma, los tomes en el vaso o en la copa que te guste, que nunca falte en tu mesa un vino de Jerez o una Manzanilla de Sanlúcar. ¡Salud!

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