La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ahora toca la culpa esclavista

Más importante que reconocer culpas esclavistas del pasado es luchar contra su pervivencia en el presente

Nos falta cabeza para cubrirla de cenizas, espaldas para flagelarnos, rodillas para hincarnos implorando perdón, boca para confesar nuestras culpas, lágrimas para llorar nuestros crímenes. Esto de pedir perdón por crímenes cometidos en el pasado, por remoto que sea, es un no parar. Esta semana el Congreso ha aprobado una iniciativa de Unidas Podemos impulsada por En Comú y pactada con el PSOE para reconocer la culpa de nuestro pasado esclavista, el alto número de africanos que esclavizamos y nuestra tardanza en abolir la esclavitud. Además se solicita que la historia del esclavismo se incorpore al currículo educativo, se estudien las repercusiones del comercio de esclavos en el fenómeno del racismo, se visibilice el papel de España en la historia de la esclavitud transatlántica, se recuerde a sus víctimas llevando a cabo actos de reconocimiento en colaboración con las comunidades autónomas y las administraciones competentes, se eliminen los nombres de esclavistas y antiabolicionistas que figuran en los callejeros de distintas ciudades y que el Congreso inste al Gobierno a conmemorar cada 23 de agosto -fecha de la revuelta antiesclavista de 1791 en Haití, entonces colonia francesa- el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición establecido por la Unesco. Lo último tiene su lógica: conviene recordar los errores y horrores del pasado para no repetirlos. Todo lo demás es un disparate.

Siendo una institución odiosa, la esclavitud fue por desgracia una práctica común desde los más remotos tiempos históricos hasta el siglo XIX en todos los continentes y todas las culturas, con la colaboración, en el caso africano, de tribus que esclavizaban a otras para vendérselas a los esclavistas árabes y europeos. Bajo otros nombres la esclavitud subsistió en todas las dictaduras del siglo XX, sobre todo la nazi y las comunistas soviética y china. Y, como denuncia Acnur, aún subsiste en nuestro siglo bajo la forma de la trata de personas, el matrimonio forzado, la esclavitud sexual o trabajo infantil. Incluso las formas más primitivas de esclavitud son hoy mantenidas por los islamistas en el Sahel. Lo que no disculpa los horrores y errores del pasado, por supuesto; pero los contextualiza sin justificarlos y, sobre todo, nos enfrenta a algo mucho más importante que reconocer culpas pasadas: la lucha contra su pervivencia en el presente.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios