TRIBUNA LIBRE

MANUEL GUERRERO PEMÁN

Presidente del Consejo Asesor de Diario de Jerez

Alberto García de Luján, entre el tango y el vino

Alberto García de Luján y su esposa Marita Picardo García-Pelayo. Alberto García de Luján y su esposa Marita Picardo García-Pelayo.

Alberto García de Luján y su esposa Marita Picardo García-Pelayo.

ESCRIBO en la distancia a un jerezano-gaditano digno que acaba de recibir el premio de su vida, ser Capataz de Oro de los Vinos de Jerez, en reconocimiento a una vida dedicada al hacer de los vinos y las vides de nuestra querida tierra.

Setenta y siete años le ha costado conseguir a Alberto lo que para él estoy convencido que es el Premio Nobel de su vida, porque cuando has dado una vida al estudio específico y al conocimiento de un tema muy concreto y te premian con el reconocimiento a lo que realmente te has dedicado, se debe sentir una satisfacción tan grande que todo el esfuerzo se da por compensado.

En estos momentos en que los medios de comunicación arden cada día con noticias del mundo de la política en un salvajismo ‘de tira y afloja’, entrando en una guerra dialéctica que al pobre lector le dejan en una nube de confusión, es realmente reconfortante ver que el mundo sigue andando y valorando el profesionalismo del esfuerzo y el estudio de toda una vida dedicada al vino de Jerez.

No vengo yo aquí a hablar de lo que se conoce públicamente de los escritos y ponencias de Alberto García de Luján, vengo a llevaros por un camino que muchos desconocen de nuestro Capataz de Oro 2019 de los Vinos de Jerez, pero también dejando constancia de los reconocimientos profesionales que a lo largo de su vida ha conseguido, destacando entre los más importantes de toda una trayectoria, desde que empezó su Bachillerato en el Colegio de San Juan Bautista, de los Marianistas en la calle Porvera 26 de nuestra ciudad, de su traslado a Madrid para ser Doctor Ingeniero Agrónomo, especializarse en Viticultura en la Escuela Nacional Superior Agronómica de Montpellier (Francia), especialista en el INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias), Diplomado en Planificación Económica, Diplomado en Planificación y Desarrollo Rural por la OCDE.

No vengo a hablar de su tesis doctoral de Sobresaliente Cum Laude basada en los problemas de la virosis en las viñas de Jerez y de la replantación de viñedos enfermos, ni de su etapa universitaria como profesor de la Universidad de Cádiz desde 1989, ni de ser digno representante del Reino de España en convenios de colaboración con Francia, Alemania, Italia, Argentina, Uruguay, Chile y Perú, ni de sus numerosos libros, escritos y conferencias sobre vides y vinos; de todo eso está sostenido en ser Capataz de Oro de los Vinos de Jerez, que mi pariente y digno presidente del Consejo Regulador, D. Beltrán Domecq González, ha tenido a bien imponerle.

Yo vengo a hablar de Alberto García de Luján como hombre, amigo, compañero y hombre de familia, que son sus verdaderos atributos que quieren darle sentido a este escrito.Alberto, hoy con 77 años, es un hombre que llena su vida con las cosas sencillas del día a día. Amante de las tertulias reducidas, donde sólo se dedica a escuchar y quizás alguna vez sentencia con pocas pero inteligentes palabras que a todos nos hacen pensar, entre copa y copa va marcando su terreno con una jerezanía envidiable, marca y remarca su elevado concepto de la amistad, que es uno de los focos importantes de su vida, compartida con una exigencia consigo mismo de un modo encomiable.

Sus tardes de toros en Jerez, aquellas de las palmas por bulerías de Rafael de Paula, son las huellas que le han quedado en el corazón, imborrables e irrepetibles.Todavía están en sus adentros las nostalgias de esos días con la bulería de fondo, cuando después de la fiesta la plaza se queda sola, con un tenue bullicio del aplauso y el sentimiento.

El poeta lo expresó muy bien al decir:

Hay un bochorno de siesta/ Apenas se mueve el viento./ Queda en el aire un lamento/ como un jirol de la fiesta.

Como un último vagido/ del gran tumulto sonoro,/ como un hilillo de oro/ de un alamar desprendido.

Silencio. En el redondel,/ immóvil, triste, callado,/ un abanico olvidado/ y un clavel.

En el pueblo, unos reflejos/ del sol que se va. Unos dejos/ de amarguras en las almas./ Y muy lejos, entre palmas,/ Un fandangillo…/ Muy lejos.

Esta es la nostalgia que transmite Alberto, parece como si el poeta lo hubiera escrito para él.Desde ese sentir de la fiesta, que yo diría que le estremece, como a todos los que tenemos un corazón que valoramos el sentimiento y el arte, pasamos a su verdadera afición por el Xerez CD, aquí estamos siempre en una verdadera actitud de comprensión.

Quizás si alguien le oyó decir alguna palabra más fuerte y posiblemente salida de tono fue en el Estadio Domecq en momentos de verdadera desesperación. Pero a todo va encontrándole una explicación positiva, sentado en su trono de la grada en una almohadilla azul hinchable y siempre acompañado de su hijo Alberto y su cuñado Juan.

Cádiz, la señorita del mar de Pemán, también fue importante en su vida, sus veranos han marcado allí sendas de verdadera felicidad familiar, con la cercanía de sus padres, a los que cuidó, agradeció y acompañó durante muchos años, dando un ejemplo de buen hijo, comprensivo y generoso.

Es aquí donde está el centro y la felicidad de su vida, en la familia. Se casa con una mujer que lo tiene todo: gracia, belleza, simpatía… Extraordinaria Marita Picardo García-Pelayo, un poco más joven que él (bastante) a la que supo conquistar y hacerla piedra angular de su vida, compañera, con un matrimonio basado en el respeto y en el apoyo. De aquí nacen tres maravillosos hijos: Fabiana, Tito y Marcos. Y ya cuenta con seis maravillosos nietos, más los que vienen y tendrán que venir. Siempre tuvo y tiene tiempo para todos porque a todos ayuda en aquello que más necesitan.

Hablaba hace unos días con su hijo Alberto, al que llamamos Tito, y le comentaba que tenía intención de escribir unas letras en nuestro Diario de Jerez dedicadas a su padre y le preguntaba qué dos cosas destacaría de él. No dudó ni cinco segundos en responder:“La familia. No cabe duda de que mi padre quiere muchísimo a sus hijos”. “Respecto a mi madre –me decía– qué te voy a decir yo que tú no sepas, no podría vivir sin ella, ni haber conseguido esta formidable familia sin su ayuda”.

Así es Alberto, es un hombre de casa, de familia, de las cosas sencillas, de conversaciones llanas.Su hermano Miguel fundó en Madrid la gran ‘Diáspora Jerezana’, milagro cada año para reunirnos los jerezanos que vivimos fuera, a la que le siguió con acierto su cuñado Manolo Fernández García-Figueras y hoy Michi Primo de Rivera. Miguel siempre dijo que su hermano Alberto era la persona que más sabía en el mundo de los vinos de Jerez.

Qué gran familia, mi querido Alberto. Algunos, al ver el nombre con el que he titulado a estas líneas ‘Alberto García de Luján, entre el tango y el vino’ se preguntarán qué tiene que ver con el tango, porque lo del vino está claro. Lo voy a aclarar.

El viaje que más recuerda toda la familia fue a Argentina, disfrutaron tanto en aquellos días de mes de noviembre del 2014 en el Buenos Aires querido y compañero de tantas andanzas, del que lleva tantos recuerdos de su historia y su cultura, al que había ido tantas veces, se encontró allí rodeado de toda su familia y, entre la emoción y el calor recitaba, lo ha hecho muchas veces, tangos de Carlos Gardel. No me gustaría morir sin oírte en la emoción de la noche, Alberto, recitar eso que tu familia tanto recuerda y que tantas veces habláis de ello.

Y todo a media luz/ que es un brujo el amor./ A media luz los besos./ A media luz los dos./ Y todo a media luz./ Crepúsculo interior./ Qué suave terciopelo./ La media luz de amor.

Enhorabuena, Alberto, que sigas muchos años acompañándonos con tu vida llena de ejemplo y sabiduría.Que Dios te bendiga siempre, amigo mío.

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