Obituario Pilar Pla Pechovierto

César Saldaña

Director del Consejo Regulador

Doña Pilar Pla, la resistencia sensata

En la mañana de ayer, plácidamente y en compañía de su hija María del Carmen, falleció una de las personas más queridas del ámbito bodeguero de nuestra ciudad. Tras una larga vida, en la que como ella solía decir ha tenido tiempo para alegrías y tristezas, nos ha dejado Doña Pilar Pla Pechovierto. Una persona que, a través de su dilatada trayectoria vital, nos ha regalado a todos los que la hemos conocido un claro ejemplo de constancia y esfuerzo; de resistencia ante las adversidades, pero siempre con la coherencia de quien tiene las ideas claras.

Abocada muy tempranamente a asumir la continuidad del negocio bodeguero familiar –algo absolutamente inusual para un mujer en el Jerez de la década de los setenta– supo adaptarse a los tiempos que le tocó vivir, en un sector y unos momentos especialmente convulsos. Mientras que a su alrededor los cambios del negocio bodeguero jerezano se producían a una velocidad endiablada, Doña Pilar se concentró en darle continuidad al negocio sobre la base de pocos pero inmutables principios: la calidad de sus vinos y la honestidad en las relaciones comerciales. Al mismo tiempo que las circunstancias hacían cambiar el sector hasta hacerlo “casi irreconocible” –en palabras de algún cronista local–, entrar en las bodegas de la Plaza de Silos era (sigue siendo hoy en día) introducirse en un remanso de paz en el que el tiempo fluía a una velocidad distinta.

Entrar en Maestro Sierra era (y es) entrar en una dimensión muy particular: ni más ni menos que la que hace que los vinos de Jerez críen por derecho. Es la comunión del silencio, del aire denso y húmedo, de la madera vieja y el albero. Y de otro elemento, que no siempre es visible pero que es fundamental para que se produzca el milagro de nuestro vino: la atenta y sensata mirada del bodeguero; en este caso, la atenta y sensata mirada de Doña Pilar. Porque Pilar Pla era como su bodega, como las bodegas de Jerez: un remanso de paz en medio de un mundo que gira demasiado deprisa, que se mueve a enorme velocidad para no ir a ningún sitio.

Se nos ha ido esta bodeguera insigne en una luminosa mañana de marzo, en la que imagino que la luz sigue entrando tamizada, filtrándose por los esterones de esparto hasta el interior de la bodega donde los olorosos (confieso mi debilidad por el oloroso de Maestro Sierra) envejecen acumulando sabiduría. El aire seguirá denso y húmedo en el interior y las botas seguirán acunando a esos vinos maravillosos. Pero seguro que hay una sensación de extrañeza en el ambiente, como si faltara algo. Por suerte, el rocío de las criaderas está asegurado en todos los sentidos. Su hija Mari Carmen ya sabe lo que es marcar el rumbo empresarial de la bodega; y Ana y su equipo seguirán derrochando sabiduría, trabajo y amor por estos vinos. El sistema de soleras seguirá funcionando, para deleite de los apasionados del vino y de la vida.

La profesora María del Carmen Borrego sostiene –y por algo es profesora– que Doña Pilar no se ha ido, que sigue con ella. Y tiene razón, porque Doña Pilar ya era desde hace décadas parte de la ecuación que hace que los vinos del Maestro Sierra nos hayan conquistado a todos. Y lo seguirá siendo. Ella seguirá estando en la esencia de ese oloroso inmenso y en el corazón de todos los que amamos el jerez.

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