DIARIO DE JEREZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Basta un espejo, para saber qué cara tenemos. Al reflejarnos sobre un cristal pulido, el alma ofrece su rostro inequívoco y la epidermis nos delata, sin trampa ni cartón. Observamos facciones, rasgos específicos externos, la apariencia orgánica y el atuendo. Es una experiencia que puede resultar agradable o decepcionante para la autoestima. Lo que no está claro es si somos como nos vemos en esa proyección, o si se trata de una confusa y superficial interpretación visual, como las verdades que se cuentan a medias.  

Para descubrir la imagen real que nos caracteriza o diferencia del resto, hay que mirarse más por dentro y menos por fuera. Debemos minimizar la observación de nuestra fisionomía y viajar más a menudo hacia el interior del organismo, directos al hipotálamo, para sacar a relucir los dramas existenciales, las virtudes, limitaciones, carencias, complejos y turbaciones que nos pesan como arena en los bolsillos. Tenemos gran facilidad para descubrir defectos ajenos, pero renunciamos a la autocrítica. Solemos memorizar nuestro documento nacional de identidad, o nombres de uso habitual, números telefónicos, fechas simbólicas o contraseñas, pero olvidamos analizar nuestros comportamientos erróneos con propósitos de enmienda. Damos importancia excesiva al qué dirán, cuando la pregunta es: ¿Me conozco a mí mismo?  

En muchas ocasiones, precisamos la ayuda de un intérprete (psiquiatra, psicólogo o simplemente un buen amigo racional), para que traduzca el idioma confuso que discurre en nuestra mente. Porque el mejor diván no lo encontraremos, obligatoriamente, en una consulta de psiquiatría o en tiendas de muebles. Ese cómodo y mullido utensilio existe en nuestro propio cerebro. Pero hay que saber usarlo. Es sólo cuestión de ponerte cómodo y hacerte las preguntas adecuadas… 

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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