Graciosos

El humor, como la vida, tiene que sorprender

Que Dios me perdone pero no soporto a los graciosos. Cuando alguien me dice que me va a contar un chiste pongo la misma sonrisa forzada que cuando me van a hacer una foto. La mayoría de las veces río sin ganas y explico que yo soy negada para contar chistes. Lo peor de todo es que al que le gusta contar chistes se sabe gracioso y se recrea en la suerte y lo alarga y le pone de su cosecha y todos ríen y yo disimulo la poca gracia que me hacen.

El sentido del humor es un don rarísimo con un trasfondo de inteligencia, si es que no es lo mismo, que está al alcance de muy pocos. El humor es algo muy serio, muy ocurrente, con su chispa de trascendencia y de absurdo con iguales dosis de sarcasmo y de ingenuidad, a veces incluso cruel. Ese es al menos el humor que me interesa, el que no se anuncia ni se exagera. El humor que surge de cualquier situación cómica de la vida, porque la vida es muy cómica si nos tomamos a nosotros mismos un poquito en serio.

Hace poco, en la antesala de un juicio bastante esperpéntico, el juez nos llamó antes de empezar a los letrados advirtiéndonos de que si no solucionábamos el problema de una vez, él iba a tirar por la calle de en medio, eso al menos nos advirtió. En ese momento, en el que todo el mundo estaba ya bastante harto pues el juicio se había suspendido en tres o cuatro ocasiones, le contesté sin pensar, Señoría, estupendo, en la calle de en medio vivo yo. Todos nos reímos y acto seguido celebramos el juicio.

Cuando cada año la televisión anuncia su programa de humor antes de dar las doce campanadas, yo me digo a mí misma, tengo que verlo, a ver si me vuelvo normal y me río como los demás de esas parodias que nada tienen de nuevo como los payasos que se torteaban en el circo y lloraban exageradamente, pero nada. Da igual que imiten a la Pantoja, a Rajoy o al mismísimo rey, qué poca gracia le encuentro. Y me pregunto si seré la única porque al día siguiente muchos repiten la gracia, o sueltan una frase que todos ríen y yo no entiendo hasta que alguien me explica que es de un gracioso.

Es muy incómodo no sentir lo que sienten los demás, no reírte de lo mismo y en el mismo momento. Si te mantienes seria te sientes como si te entrara un ataque de risa en un entierro, fuera de lugar. El humor, como la vida, tiene que sorprender, de eso, saben en Cádiz más que en ningún sitio. Lo demás, como diría un gracioso, son tonterías, y de las gordas.

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