Paisaje urbano

Poca luz para tanta bombilla

Confieso que nunca he entendido el fervor que sienten algunos, muchos al parecer, por las luces de Navidad

En mi calle, desvaídas coronas como de Navidad (se supone) cuelgan de los sufridos balcones de las casas, que cuando cae la tarde se encienden dando una luz pobretona, como cansada, que nos invoca, es un decir, a sentir el peso, económico sobre todo, de las fiestas que ahora nos vienen más amenazantes que nunca, aunque aún no se haya despejado del todo el horizonte. A plena luz del día, cruza la vía un alzado de tanzas y cables como para que pase un tranvía, feo y caro peaje para el esperado encendido nocturno.

Confieso que nunca he entendido el fervor que sienten algunos, muchos al parecer, por las luces de Navidad, algo que en otros lugares más cosmopolitas tiene un componente de espectáculo y atracción indiscutible, pero que aquí en realidad no es más que un adorno innecesario y pretencioso que, más que aportar, molesta el normal discurrir del ciudadano por sus calles. Uno puede entender cierta decoración sencilla y estacional en el Ayuntamiento y en el entorno de la plaza grande, el engalanamiento de algunos edificios señalados y hasta el apoyo a esos grupos de campanilleros que amenizan las calles, casi siempre vinculados además con algún fin altruista. Pero esa costumbre de atiborrar cientos de calles de estructuras metálicas imponentes instaladas incluso en vías por la que nadie pasa no parece tener mucho sentido, más en estos tiempos complicados que sugieren más bien lo contrario: controlar el gasto desproporcionado de una energía cada vez más cara y evitar en lo posible las concentraciones excesivas en tiempos de pandemia.

Viendo a nuestros munícipes, de todos los colores (tanto como se pelean, en este asunto parece que hay cierto consenso…) posar sonrientes delante del fotógrafo justo antes de darle al botón de la luz, como una nueva variante cutre del alumbrado de la Feria, y la muchedumbre agolpada detrás para inaugurar no se sabe muy buen qué, me preguntaba por el motivo para tanta alegría. ¿Tiene algo que vez este súbito gozo con el hecho histórico de la venida del Mesías acunado en un pesebre? No lo parece, a juzgar por la ausencia casi absoluta de elementos cristianos. ¿Guarda acaso relación la iluminación con un aumento de las ventas? Ojalá, pero no estoy tan seguro. ¿Y entonces? Posiblemente la respuesta haya que encontrarla en la banalidad de lo accesorio triunfando de nuevo sobre lo principal. Demasiada bombilla para tan poca luz.

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