Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Se dice que las reformas educativas de estos últimos años forman parte de un proyecto maléfico que pretende convertir a nuestros estudiantes en borregos que sigan todas las normas impuestas por el pensamiento mágico de la izquierda (en especial, el odio a la iniciativa individual y el desprecio por los conocimientos objetivos). Puede que haya algo de esto, pero las cosas no son así. Para que haya un proyecto educativo -benéfico o maléfico-, tiene que haber una inteligencia estratégica que piense a largo plazo, como hacen los chinos o los coreanos. Y nada de eso es verdad. En España -país famoso por el buen clima, el humor afable y el inusitado bienestar de sus ciudadanos-, no existe nada equiparable a una inteligencia estratégica. Aquí todo se improvisa en función de las necesidades propagandísticas y de la urgencia de ganar las próximas elecciones. Y todo lo demás, digan lo que digan, es mentira.
Desde hace años, todas las reformas educativas se han fundado en la irrealidad pura y dura; es decir, en la ideología y en el desprecio a los conocimientos objetivos. Se ha desterrado la lectura comprensiva -que es la base de todo proyecto educativo eficaz- y se ha abandonado el esfuerzo intelectual y la formación basada en los conocimientos evaluables. Eso es todo. Intenten averiguar cuántos ingenieros, médicos, arquitectos o biólogos han intervenido en la elaboración de estos planes de estudio. ¿Les avanzo la respuesta? Ninguno. ¿Por qué? Porque los ingenieros y los biólogos trabajan con conocimientos evaluables, y esos conocimientos no interesan a nuestros expertos educativos, que son gente que vive encerrada en una burbuja de abstracciones que no tienen ninguna base real. Nuestros expertos pretenden que los alumnos sean felices, igualitarios, equitativos e inclusivos. Vale, muy bien. Pero si no les enseñamos conocimientos prácticos a nuestros estudiantes ni les ayudamos a desarrollar la iniciativa, se convertirán en carne de cañón que va a ser explotada sin contemplaciones en un mercado laboral que no tendrá piedad de nadie.
El sistema educativo actual condena a nuestros alumnos a ser las víctimas inocentes de un mercado global despiadado. Sería bueno conocer los nombres de los expertos, los pedagogos, los asesores y los psicólogos que han perpetrado este disparate.
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