Por montera
Mariló Montero
Se nos sigue helando la sangre
Que la corrupción o el acoso sexual sean protagonizados por militantes o dirigentes de distintos partidos y devotos de ideologías contrapuestas no debe llamar la atención. Sólo los espíritus bobalicones o muy fanáticos pueden creer –o aparentarlo– que una militancia o una adscripción ideológica determinada te predispone a corromperte o acosar, o te vacuna contra ambas perversiones.
Lo desolador no es que los casos de corrupción y abuso se sucedan en uno y otro bando sin que las leyes y el reproche social sean suficientes para erradicarlos. Lo realmente desolador es la hipocresía y la doble vara de medir con que todos los partidos, con sus dirigentes a la cabeza, los afrontan.
Han sido noticia esta semana dos presuntos ejemplos de acoso sexual. El ex director general del Departamento de Análisis y Estudios de la Presidencia del Gobierno, Francisco Salazar, ha negado en el Senado que acosara a varias compañeras de trabajo, aunque de hecho fue apartado de Moncloa cuando se conocieron las denuncias de sus víctimas. Y el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, rechazó en rueda de prensa el acoso sexual y laboral que le atribuyó una concejala de su grupo.
El caso Salazar fue denunciado ante el órgano del PSOE correspondiente, que lo mantuvo en secreto hasta que saltó a los periódicos y sólo entonces obligaron al susodicho a dimitir y abandonar la organización. El partido no reaccionó ante una actitud reprobable y babosa, sino ante su publicidad.
Nada más salir a la luz la peripecia de Salazar, el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, dijo que el estrecho colaborador de Sánchez era un guarro y que su cercanía a éste demuestra que el PSOE no es un partido feminista. Ni por prudencia se le ocurrió mencionar la presunción de inocencia, ese principio básico de la democracia en el ámbito penal.
En el bando de enfrente, lo mismo, pero con intercambio de papeles. El PSOE se lanza en tromba contra el alcalde de Móstoles (PP), al que una ex concejala llevó ante la dirección del PP por acoso sexual y laboral, y allí archivaron la denuncia. Ahora son los populares los que hablan de montaje y reclaman la presunción de inocencia para el alcalde, y los socialistas los que declaran culpable manifiesto al edil y ocultadora a la dirigencia popular, que encima la lidera la diabólica Ayuso.
Es desolador, sí, pero son iguales.
También te puede interesar
Por montera
Mariló Montero
Se nos sigue helando la sangre
Manual de disidencia
Ignacio Martínez
El hombre anuncio
En tránsito
Eduardo Jordá
Duelo
La esquina
José Aguilar
Cuando el acoso cambia de bando