Santiago Cordero
Andaluces de pacotilla
En estos días de celebración, exaltación y enaltecimiento del sentimiento andaluz, veo el panorama de nuestro amado Jerez y tengo que llegar, de forma dolorosa, que somos hoy por hoy, andaluces de pacotilla. Muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero estemos o no de acuerdo, los hechos son irrefutables. Presumimos de historia, claro está, porque la tenemos y nadie puede borrarla, otra cosa es manipularla, aunque eso es otra historia. Presumimos de afición, que a fecha de hoy es casi, por no decir lo único, que permite mantener viva la esperanza de un futuro mejor. Pero a partir de ahí, solo lo que pregonemos son palabras vacuas y sin sostén.
Quinta ciudad de Andalucía pero en el deporte en general y en el fútbol en particular nos superan muchas más, sin ir mucho más lejos, solo en nuestra provincia. Donde presumimos de ser la primera potencia, por encima de la capital, destacan sobre nosotros, amen de la capital, Algeciras y Sanlúcar de Barrameda.
El fútbol jerezano es un botón de muestra del tipo de sociedad que hemos creado entre todos. Una sociedad débil, sin iniciativa, que ante cualquier reto o adversidad, se encomendaba al ayuntamiento y a sus alcaldes, para que estos le sacaran las castañas del fuego. Corría principios de los noventa, el estado español se hacía cargo de las deudas del fútbol profesional español a cambio de que los clubes se convirtieran en sociedades anónimas deportivas. El Xerez, por aquel entonces, equipo de Segunda División, fue uno de los clubes que se vio obligado a ir al ayuntamiento para pedirle una solución y poder convertirse en SAD, ya que desde la propia entidad y su masa social, no fueron capaces de encontrarla. Con la compra del Xerez por parte del ayuntamiento, no por Pacheco, sino por todo el pleno municipal, incluida la oposición, el Xerez se convirtió en una dependencia más de la pesada maquinaria consistorial. De hecho, en los años venideros, trabajadores de la plantilla del ayuntamiento formaron parte de la estructura de gestión del Xerez CD. Hasta los ultras guardaban sus enseres en el estadio Chapín.
Tras el paso efímero por la gloria de Primera División, llegó el descenso a los infiernos del fútbol español y en medio de ese panorama, llegó la ruptura del xerecismo y con ello, se ahondó aún más en la debacle del fútbol en nuestra ciudad. Aquí seguimos, atravesando un desierto que no tiene fin, mientras seguimos enfrentados unos con otros, haciendo cada cual su guerra santa.
En medio de este panorama seguimos sacando pecho y somos capital de casi todo, menos de la provincia. Sirva de ejemplo que se nos llena la boca con ser capital de la cultura y mientras tanto, tenemos una joya del patrimonio y la cultura municipal, su biblioteca, con salas cerradas al público un invierno más porque existe peligro de derrumbe. Me duele, lo sufro, pero es lo que tenemos.
El fútbol solo es un ejemplo, porque como acabo de citar, casi en cualquier ámbito de nuestra sociedad presumimos de algo que carecemos. Pero que le vamos a hacer por mucho que seamos andaluces de pacotilla, nos ponemos un terno y salimos a la calle como si no fuera con nosotros. ¡Viva Andalucía!
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