El mundo de ayer
Rafael Castaño
Lo hizo un mago
Frente a los desalojos preventivos, con la totalidad de los vecinos de Grazalema como caso extremo, y los daños materiales en viviendas y negocios, lo de la caída de la jarra de azucenas de la Giralda es poca cosa. Distinto hubiera sido que cayera en horas de gran afluencia de turistas y nativos. Hubo suerte, aún no había amanecido una noche inclemente y no había nadie. Se restaurará y se repondrá donde están las cuatro jarras desde que Bartolomé Morel las realizó en 1568, a la par que el Giraldillo, a las que se añadieron las azucenas en 1751. Todo quedó en nada. Y la jarra, quizás con sus tres compañeras, será restaurada y repuesta como sucedió cuando Fernando Marmolejo lo hizo en 1980.
A lo que me invita este accidente provocado por una borrasca con nombre de gran arquitecto sevillano es a recordar el rayo que golpeó la Giralda el 26 de abril de 1884, agravado por otro el 20 de junio de 1885, al que algunos llamaron el rayo justiciero o artístico. Como en el caso de Don Pedro, para unos el cruel y para otros el justiciero, hubo quienes lamentaron los muchos perjuicios causados por el rayo cruel: grietas en los muros, daños en las campanas y el reloj, fustes de columnas derribados, lacerías dañadas… Pero también hubo quienes aplaudieron que el rayo justiciero o artístico destruyera muchos de los balcones abalaustrados que, en su opinión, desvirtuaban la traza almohade.
Entre ellos estaba el gran arqueólogo, archivero, profesor, poeta, ceramista y restaurador, entre otras muchas cosas, José Gestoso (1852-1917), nombre clave en la historia cultural y artística de Sevilla, que tenía especial empeño –en algunos aspectos, como su hincha a Hernán Ruiz, excesivamente radicales– en devolver a la Giralda la pureza almohade. Él fue quien más difundió lo del rayo artístico, deseando que no se repusieran los balcones abalaustrados destruidos y que se quitaran los otros. No lo logró. Pero ello no impidió que colaborara con su amigo Adolfo Fernández Casanova, arquitecto de la Catedral, en la restauración, donando incluso capiteles musulmanes.
Era muy radical mi primitivo hermano don José Gestoso, ciertamente. Pero en lo de los gordezuelos balcones no le faltaba razón, por muy de Hernán Ruiz que sean. En aquella Sevilla me habría contado entre quienes llamaron justiciero o artístico al rayo.
También te puede interesar
El mundo de ayer
Rafael Castaño
Lo hizo un mago
La ciudad y los días
Carlos Colón
Las azucenas y el rayo artístico
Quizás
Mikel Lejarza
Antes de que Trump invada el Sol
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Sobre el pánico