A contraluz

Manuel Pareja

El centenario de Marías

HACE unos días se cumplió cien años del nacimiento de uno de los principales pensadores españoles del siglo XX: Julián Marías. Es oportuno recordarlo por dos motivos: por lo olvidado que lo tenemos y por lo acertado de su diagnóstico sobre el gran reto de la España del siglo XXI: el nacionalismo. Senador por designación real durante la ponencia constitucional, Marías señaló insistentemente el error de incluir en el artículo 2 de la Constitución el término "nacionalidades" para denominar a las diferentes regiones españolas. El gobierno de Suárez cedió a las pretensiones de los nacionalistas catalanes y vascos, avaladas por las presiones del PSOE; Alfonso Guerra y Abril Martorell, verdaderos hacedores del esqueleto constitucional, pactaron esta desafortunada inclusión. Marías pensaba y defendía la pluralidad y diversidad de los pueblos de España, y que había que atribuirles una voz propia. Antes de la Constitución, las regiones no tenían representación alguna. El edificio administrativo nacional pasaba de la Provincia al Estado central, olvidando la realidad regional como articulación social, política y cultural. Nos comía un centralismo absurdo. Llegaron las autonomías, el café para todos improvisado, y lo que tenía que ser un Estado vertebrado en sus realidades regionales, fue un enorme monstruo político-burocrático, puro clientelismo partitocrático. Los nacionalistas catalanes elaboraron una historia paralela sobre la oprimida nación catalana. Es lo que Marías llamó historia-ficción. Reconocerles el término nacionalidad, lejos de colmar sus aspiraciones, no haría más que despertar a la bestia. "No se puede contentar a quien no se quiere contentar". Hasta el estatuto andaluz nos reconoce hoy como una realidad nacional. Un verdadero despropósito. A ver quién es el guapo que revierte ahora esta situación.

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