Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
A un fin de semana para el final del año 2019, la Iglesia se dispone a vivir el Nacimiento del Redentor. La Nochebuena la tenemos a la vuelta de la esquina. La Misa del Gallo tan tradicional, a la medianoche, recuerda a aquella otra vigilia que es la noche de entre todas las noches. La de la Pascua de Resurrección donde Jesús vuelve a la vida, y nos muestra el camino a través de aquellos versículos de San Pablo: “Si con Él morimos, con Él vivimos”.
Los cofrades, lejos de lo que pueda imaginarse, también viven la Navidad del Señor con intensidad. Y aunque no hay pasos ni tampoco bandas que contratar, lo cierto es que gran parte de ‘culpa’ por la que la Navidad sigue teniendo vigencia real en Jerez es gracias a las corporaciones nazarenas.
Las hermandades en estos días han preparado zambombas. Pero también han montado belenes en sus casas de hermandad o en las iglesias donde residen. Han sido muchos kilos de recogida de alimentos que han ido a parar a nobles instituciones que se preocupan para que todas las familias en los días de Navidad no les falten el sustento. Y también los cofrades han ido preparándose con la celebración de la Pureza de María, y con la expectación de la Santísima Virgen.
Por tanto, las cofradías también han sido parte importantísima de todo este tiempo de Adviento que el cristiano ha vivido de cara a la celebración de la Natividad. Después vendrá la Cuaresma y serán los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Pero nadie puede negar que las hermandades son un claro testimonio del mantenimiento de una fiesta como la Navidad que, de no ser por la aportación cristiana y verdadera que hacen, podría correr peligro en quedarse en unos días donde todos beben, comen sin prudencia y se hacen regalos escasos de verdadero sentido. Lo que se ha venido a denominar como unas Navidades laicas. Que pocas cosas más incongruentes he escuchado en mi vida.
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