Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

‘Doña Carmena de Madrid...’ Central

El mayor bodrio cometido en los últimos tiempos en la capital; la peor ‘cagada’, teñida de verde, perpetrada contra el progreso y el bienestar de Madrid; el peor golpe a las arcas públicas auspiciado por una bruja enloquecida y sus secuaces -¡y, se quejaban de Gallardón…!-, ‘Madrid Central’, fue –esperemos- un atropello a la convivencia, una declaración de guerra a hoteles, restaurantes y comercios del centro de la capital, un empujón al paro y al desempleo, una auténtica barbaridad y, en resumen, una supina gilipollez.

Y es que estos miserables populistas no saben otra cosa que prohibir y prohibir y prohibir más. Se desgañitan tratando de convencer a las masas, frívolas e incultas, con proclamas baratas; vociferan, insultan y descalifican a quien no comulgue con sus vomitivas ruedas de molino, asumiendo –por decisión propia y no negociable- la exclusividad de la “verdadera lucha por la libertad”, cuando ellos, todos ellos, desprecian y se cagan en la libertad ajena, ayer, hoy y mañana. Vean si no.

Carmena, la impresentable, se subió el sueldo de alcaldesa tres veces durante los cuatro nefastos años en los que se dedicó a hundir Madrid, terminó metiéndose en la faltriquera 120.000 eurazos al año, aparte: dietas, gastos, coche oficial –la que juraba y perjuraba que nunca lo utilizaría, que iría a su ‘trabajo’ en bicicleta, la que prohíbe a los demás circular, “para no contaminar…”- y viajes –durante la desastrosa legislatura en la que casi destroza Madrid, ha recorrido, “en desplazamientos oficiales…”, el equivalente a cuatro vueltas completas al mundo-.

Carmena, la sectaria, prohibió un ‘Portal de Belén’ durante la celebración de las Navidades capitalinas: “podía ofender la sensibilidad de otras religiones…”, pero permitió exhibiciones públicas en las que cuatro mamarrachos enloquecidos utilizaban las cruces cristianas como taparrabos y la imagen de Cristo, o la de la Virgen María, para burlarse de ellas; porque, toda esa zafia y chabacana falta de respeto, como la protagonizan los que son de su cuerda, no podía ofender la sensibilidad de otras religiones o creencias, ¿verdad, bruja hipócrita y excluyente?, ¿verdad, Carmena de los cojones?

Carmena, cínica y resentida, llamaba a la “solidaridad sin límite” con los refugiados, pero siguió con los desahucios a familias sin recursos --ella, claro, plácidamente instalada en su mansión burguesa de superlujo, con personal a su exclusivo servicio y todas las comodidades, un palacete en el que todavía no ha acogido a ningún necesitado, al menos que yo sepa; eso sí, al parecer su marido tuvo ‘problemas’ para pagar lo que debía a sus empleados… ¡cuánta solidaridad!--. Carmena, populista de saldo, desastroso y frustrado intento –como tantos otros de sus ‘camaradas’- de rojeras ‘progresista’, ensayo fracasado de ‘líder del pueblo’, cerró terrazas de bares y restaurantes a su capricho y discreción; subió impuestos de modo indiscriminado; hizo imposible la circulación fluida en la capital; permitió manifestaciones absurdas, a los suyos, y trató de impedir otras que no lo eran, a los que no se alineaban con sus ideas; ahogó a Madrid en basura, inseguridad, escombros y suciedad; atosigó, sin tregua, a los madrileños y… la guinda de su pastel: se inventó ‘Madrid Central’, un bodrio recaudatorio infumable, grotesco y prohibicionista que, de no enmendarse, terminará por hundir, sin remedio posible, tiendas, restauración, cines, hoteles y la vida comercial en el centro de la capital: es ella… Carmena

Esta buena señora, con esa falsa humildad –que me hace hervir la sangre- en la que sí es maestra y doctora ‘cum laude’, declaraba, cuando por fin la echaron del sillón de alcaldesa que había asaltado –no fue ella quien ganó las elecciones de hace cuatro años-: “Yo ya no soy nadie…”. No, mire usted señora: usted no era nadie antes de su asalto a la Alcaldía, siguió sin ser nadie mientras, sin corresponderle, calentó el sillón como regidora –no por ser alcaldesa se es “alguien”, ya me entienden-, y ahora, si nadie lo impide y ya que usted no puede hacerlo, seguirá usted siendo lo que era y ha sido: nadie.

No obstante, a ‘la nadie’, le faltó tiempo… Al día siguiente de hacer estas cínicas declaraciones, le pidió al presidente de Gobierno en funciones el puesto de ‘Defensor del pueblo’. Como pueden suponer, a Carmena el pueblo le importa una mierda, lo que si le importa son los 127.000 eurazos de sueldo anual con los que se remunera el cargo… ¡Es que, ¿saben?, ella nació para luchar por los más desfavorecidos… ¿no lo entienden?, es que –a ver si se enteran- su conciencia le impide retirarse a su palacete, así, sin más, y dejar desasistido a ese pueblo que tanto ama y por el que, casi, daría la vida… pero, ¡eh!, ni un duro.

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