Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Ha engordado el PSOE a Vox?
El manifiesto sobre la situación del PSOE y el liderazgo de Pedro Sánchez que ha promovido el ex ministro Jordi Sevilla está destinado a no ser más que un pronunciamiento testimonial sin mucho recorrido. En primer lugar, porque que se sepa no tiene más apoyos explícitos que los de su propio firmante y el de unos pocos irreductibles con escaso o nulo predicamento. En segundo lugar, porque se publica en el arranque de un ciclo electoral que va a durar más de un año. En esos periodos se impone el cierre de filas y se exacerba la idolatría hacia el líder.
Pero, aunque el manifiesto de Sevilla vaya a cosechar más pena que gloria, introduce un elemento que en condiciones normales debería abrir un debate estratégico de mucha importancia para los socialistas. El ex ministro viene a decir que el PSOE ha alimentado el auge de la extrema derecha que representa Vox en un intento mal disimulado de erosionar la base de votantes del PP. Es la teoría de los vasos comunicantes: todo lo que suba Vox lo baja el PP y de la división entre ambos se benefician los socialistas.
Hay pocas razones para dudar de que este fenómeno se ha producido. Lo que falta por averiguar todavía es si el PSOE se ha pasado de frenada y ha convertido a Vox en un monstruo capaz de devorarlo a él también. Las últimas encuestas publicadas arrojan elementos para la alarma. El partido de Santiago Abascal está ya en el 18% de apoyo electoral y subiendo. En algunas provincias, como Almería, se habría colocado ya de segundo partido relegando a los socialistas al tercer lugar. Los resultados de las elecciones en Extremadura y las perspectivas que hay en Aragón y Andalucía no invitan a la tranquilidad. Hay que tener en cuenta, además, que los estudios sociológicos detectan ya un desplazamiento claro de voto del PSOE hacia Vox.
El crecimiento de Vox y su implantación en capas amplias de la población, sobre todo las más jóvenes, tiene múltiples causas y la mayoría de ellas son de análisis complejo. Algunas incluso hay que buscarlas fuera de España. Pero a los socialistas se les está empezando a volver en contra la maniobra de alimentar las expectativas de la extrema derecha. Puede que paguen por ello un precio muy alto.
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