Yo te digo mi verdad
Manuel Muñoz Fossati
Un coro de pelotas
Imagino que esto vendrá sucediendo desde que el mundo es mundo. Será seguramente intrínseco a la naturaleza humana de ciertos especímenes, los cuales debe ser que han nacido con un gen anómalo que les hace creerse superiores o con mayor valor que el resto de la humanidad.
No sé de dónde les puede salir esa necesidad interna de prevaricar sobre sus semejantes. Tienen la nula virtud de no predicar con el ejemplo y al tiempo se permiten criticar anti constructivamente, solamente porque se creen con el permiso y el derecho de cometer en continuación licencias poéticas destructivas en cualquier interacción interpersonal.
Estos especímenes, algún problema de conciencia y autoestima deben de tener cuando su deporte favorito es ir a criticar y a pisar el verde jardín de los demás, cuando el suyo está lleno de maleza. Falta completa de autoanálisis, autoobservación y de autogestión tienen si existe en ellos esa necesidad existencial de someter al prójimo, y solamente sobreviven de ese regocijo vacuo que les otorga esa triste y débil manera de ver la vida y de ver a quienes les rodean.
El capital humano es lo más importante que se puede tener en cualquier proyecto que se precie, sea éste laboral, social o familiar. La diversidad de ideas, naturalezas y variedad de opiniones es la verdadera riqueza del ser humano, ya que solamente en equipo y con verdadero respeto hacia los demás se puede llegar a desencadenar el verdadero potencial de esta sociedad.
Todos hemos venido a esta vida por un motivo y el de cada uno es igual de válido que el del prójimo. ¡Ay! Que enorme dosis de compasión, empatía y flexibilidad haría falta para arreglar esto.
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