Quizás
Mikel Lejarza
Razones para la esperanza
Sus antiguos lameculos ahora le insultan. Esta interesante y antigua palabra, que según la RAE, alude a una persona aduladora, servil, pelotillera o rastrera, define un carácter, no una situación. Nada tiene que ver con la admiración y mucho menos con la fidelidad. El lameculos es así, y esto sería lo único que le disculpa, porque es su naturaleza ser adulador, rastrero o servil con quien en cada momento tenga el poder. Y como la naturaleza puede más que la voluntad, cuando las posaderas que lamen pierden el poder, han de buscarse otras que lo tengan.
Se da la circunstancia dolorosa de que si el culo antes lamido, tras perder su poder, se atreve a criticar al nuevo, el lameculos muerde con rabia lo que antes lamió. ¡Cómo se atreve a discrepar del nuevo poderoso e incluso a criticarlo! Los méritos que tuviera su anterior objeto de devoción le importan tan poco como los deméritos del actual. No le lamieron la popa por sus méritos, por grandes y evidentes que estos fueran, sino por su poder. Y por esta misma razón lamen ahora la de quien lo tiene, por muchos y muy evidentes que sean sus torpezas, errores o abusos, y por mucho que dañen aquello sobre lo que ejerce su poder. ¿Hay mérito mayor que tener el poder? ¿Acaso caen migajas de cargos, beneficios y vanidades de la mesa de quien no lo tiene?
Ya advirtió Quevedo “contra el adulador, que lo dulce que dice no es por deleite del que lo escucha, sino por interés propio suyo”. Si no hay interés, no hay dulzura. Y si lo hay, rebosa mieles la boca que antes aduló a quien ahora insulta. Diciéndole en los mejores casos que da pena, les deje en paz y se retire, y en los peores que da asco, por haber osado criticar al nuevo lamido a quien, en un éxtasis servil, se llama “no sólo el referente de la izquierda en España, sino en el mundo”.
Triste actualidad del Aula de cortesanos Cristóbal de Castillejo: “Y así va / el mundo, do nunca habrá / en este caso mudança; / que nadie vale más ya / de cuanto tiene y alcança, / como vemos / en mil ruines que sabemos / presumir de caballeros, / de quien gran caso hacemos / por solo tener dinero / y poder, / y otros que, por carescer / destes bienes temporales, / nadie los echa de ver / siendo nobles y leales.(…) Sometiendo como el buey / mi cabeça a su mandado / por medrar”. Vale.
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