Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
ENTRE las fuerzas gravitatorias de la letra g del cuello de Fernando Alonso y la marcha atrás de algún que otro ministro estamos abocados a saber de sexualidad pura y dura de la buena. No porque sea momento especialmente lujurioso o porque nos estén dando hasta por los poros, ni por aquello de las orejas en las paredes y los ojos en las cerraduras ajenas, ni siquiera por los desencuentros de parejas destinadas a entenderse entre regiones, sino más bien por el efecto consolador sobre las masas y el sinsentido de la energía malgastada.
La marcha atrás nunca es aconsejable, tiene sus detractores, los médicos son los primeros críticos y los sexólogos tienen constantemente una cruzada contra ella. Tanto la técnica en sí como sus consecuencias dejan congestiones insoportables, producen inflamación en las vías y acaba por dejar secuelas indelebles. Más aún cuando se produce por razones sadomasoquistas. No es de recibo que sea por el miedo a perder votos y papeletas introducidas en las ranuras correspondientes antes que por interesarse por el bienestar y el placer de los conciudadanos. Nunca la educación y la sanidad han estado tan perseguidas. Nunca el placer y el derecho estuvieron tan denostados. La virilidad y la vileza de los atributos de gente acostumbrada a moverse por sus niveles de testosterona no es suficiente razón como para conseguir que el coitus interruptus sea elevado a la categoría de espacio cotidiano en que moverse.
Nos estamos acostumbrando al porno duro, en el que todo vale por mantener el poder y en el que cualquier postura es buena para vender imágenes sin un guión trabajado. Nos da la extraña impresión de que todo se mueve a impulsos, con gemidos, con bravuconadas y sin preservativo
Claro que con estos preámbulos, ya ha perdido vigencia aquello tan romántico que era un beso tierno y saber preguntar sobre si se estudia o se trabaja. Sería surrealista. Así, no hay quien ligue.
También te puede interesar
Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Privados fuimos
Postdata
Rafael Padilla
Padre mío