La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La mascarilla, antifaz de la bulla

¿Cómo se impondrá la mascarilla, más allá de la libre responsabilidad individual, en las bullas?

Una semana después de que el Gobierno sacara adelante el uso obligatorio de las mascarillas, camuflándolo en el lote de las pensiones, decide que su uso no será obligatorio al aire libre, imponiendo unas salvedades que obligarían a los ciudadanos a ir con un metro en la mano para medir el 1,5 metros de separación y a ponderar cuando hay o no aglomeraciones, cuestión aparentemente fácil a la vez que dificilísima si se tiene en cuenta, por ejemplo, cómo bailan las cifras cuando hay manifestaciones.

Cuando el pasado 23 diciembre el BOE publicó la obligatoriedad de las mascarillas la incidencia acumulada era de 911,31 contagios diagnosticados en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes; el pasado martes en el que se decidió el cese de la obligatoriedad de su uso la incidencia era de 1.893,35, más del doble que la registrada aquel 23 de diciembre. No es fácil entender este va y viene. El caso es que esta semana han fallecido 762 personas a causa del Covid y que el bicho sigue circulando, aunque también lo es que la incidencia acumulada, pese a ser tan alta, no deja de caer: "Covid-19 última hora: incidencia en caída libre y fin de la mascarilla", leía ayer en el diario digital sanitario Redacción Médica.

Nos hemos acostumbrado a leer una cosa y su contrario. Lo que causa una perplejidad que se suma a la fatiga pandémica causada por los dos años que llevamos padeciendo los efectos del Covid y se resuelve en algo muy parecido a una resignada indiferencia. ¿Se están tomando decisiones sanitarias o políticas? Comentando el caso de Dinamarca, que ha levantado todas las restricciones pese al alto número de contagios, ha manifestado el epidemiólogo y ex directivo de la OMS Daniel López Acuña: "En Dinamarca levantan restricciones por una decisión política y un comportamiento social, pero no porque haya finalizado la pandemia, ni porque se haya terminado el comportamiento epidémico del Covid. Es una decisión por fatiga pandémica, no por racionalidad epidemiológica o de salud pública". En el caso español, López Acuña no es partidario del fin de las mascarillas porque "no podemos asegurar que en exteriores se vaya a mantener la distancia física o no se van a dar aglomeraciones". Parece sensato si se piensa en las celebraciones multitudinarias que nos aguardan. ¿Cómo se impondrá la mascarilla, más allá de la responsabilidad individual, como antifaz de las bullas?

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