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Los narcos imponen su ley en el Estrecho

Las penas son tan irrisorias y el consumo es tan masivo que muchos jóvenes entienden que el narcotráfico no es tan grave

Antes de que la Fiscalía Antidroga le pidiera a Defensa la ayuda de la Armada contra los narcos del , Margarita Robles ya lo barajaba. El problema es que la Armada dio de baja a sus patrulleras más veloces tras la creación del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, y ya no puede seguir a las planeadoras del hachís a la velocidad de sus pesadas embarcaciones, unos 20 nudos. La Armada sí colabora con sus patrulleras de altura contra el tráfico que llega de la otra orilla del Atlántico. Y en el podría ayudar de manera simbólica, como en Canarias con los cayucos, alertando cuando detecte una narcolancha. Pero las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son tan celosas de sus competencias, que no sería raro que el instituto armado decline el ofrecimiento, pese a tener su flota averiada.

Todavía nadie sabe cuál es el plan. Ha pasado más de una semana y Marlaska aún no ha explicado por qué la lucha contra el narco es tan desigual, ni por qué se replegó la unidad de élite (OCON Sur) que tan buenos resultados ofrecía. ¿Y dónde está el plan integral que prometió el Gobierno? Con el mayor productor de hachís a sólo 14 kilómetros, la solución no es sencilla. Hace falta una legión de inspectores contra ese blanqueo de capitales que tanto se respira en el ambiente. Y reforzar los juzgados gaditanos. También ayudaría endurecer las penas y modernizar un sistema procesal decimonónico. Si la instrucción se limitara a la investigación para llegar cuanto antes al juicio, la realidad sería otra, porque se eliminaría la posibilidad de empantanar los procesos con miles de recursos y citaciones. Hoy los detenidos continúan con su actividad mientras que llega el juicio y las penas que les imponen, en el mejor de los casos, son irrisorias. Todo ello y el consumo masivo de hachís llevan a muchos jóvenes a pensar que el asunto tampoco es tan grave, y a celebrar que sus padres ganen en un día lo que sus profesores en un año, gracias a unas organizaciones criminales que parasitan al Estado.

Cuando una banda de narcos en lugar de sentirse aislada se ve legitimada socialmente el drama está servido. Y ya estamos ante una emergencia porque, como ocurrió en Galicia, se está asentando una cultura de la criminalidad estable en el sur con sus propios códigos. Cuando la respuesta del Estado es que no tiene lanchas para competir con los narcos, su sensación de impunidad se dispara y el personal confunde a los malos con los buenos. A este paso muy pronto influirán hasta en la gestión de los servicios públicos como la limpieza y la basura, como sucede con las mafias. Un político pierde su valor cuando su palabra no es reflejo de su acción. Y en Andalucía hace mucho que vienen a hablar y poco más. Al Campo de Gibraltar se le prometió hace siglos la conexión Algeciras-Bobadilla para acelerar el tren de la puerta sur de Europa y hoy los únicos tráficos que se mueven con la agilidad de un águila pescadora son los de los narcos.

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