Una paradoja de dos piernas

16 de febrero 2026 - 05:26

Con estas cinco palabras, de John Steinbeck, podría describirse al ser humano sin situarse muy lejos de la realidad. Somos una contradicción andante. Damos un paso adelante, que es hacia dónde queremos ir, para luego dar dos hacia detrás, que es de donde queremos salir…

A todos a los que se nos ha bien educado se nos imbuyó como lo correcto el hacer las cosas bien, al menos tener el firme y convencido propósito de hacerlas así: bien. Sin embargo, luego llega la vida, y cuando uno se asoma a ella se va empezando a dar cuenta de que no siempre que nos empeñamos en hacer bien las cosas, lo logremos a o no, pues lo que cuenta es la sincera intención, estas terminan por salir bien hechas.

Hemos de decir, en el contexto que ahora nos ocupa, que los conceptos de «bien» y «mal», no son absolutos si no muy subjetivos. Por lo que no debe entenderse que tratemos de decir que si hacemos las cosas mal nos irá bien y si las hacemos bien fracasaremos, no. Lo que intentamos expresar es que, en el mundo que vivimos, porque así hemos hecho que sea, las gentes, por lo general, admiran a los que, aun habiendo empleado malas artes, han logrado lo que vulgarmente se toma por éxito: dinero, comodidades y lujos, situarse en lo más alto del poder y en la cima del bienestar, y por el contrario sienten cierto desprecio, a veces enmascarado de compasión, por aquellos que, yendo por el camino de lo correcto, de lo que está bien, han fracasado y caído en la ruina. Es cruel, pero si reflexionan con honestidad y un mínimo de objetividad, verán que en muchos, muchísimos casos, las cosas son trágicamente así.

Los humanos, por lo que de animal tenemos, estamos fabricados para sobrevivir. Por encima de cualquier otro, el instinto por mantenernos con vida está esculpido con más fuerza en lo más íntimo e inmutable de nuestro ADN.

Hacer las cosas al modo en que, la ética y nuestra honesta conciencia, nos muestran conforme al bien, no es garantía de alcanzarlas. Sin embargo, en muchas ocasiones, llevarlas a cabo utilizando medios lejos de la moral, sin dejar de emplearlos aun siendo conscientes de que no son ni rectos ni correctos, produce el resultado deseado. Por este motivo, que no es razón, los humanos suelen admirar a quien ven como triunfador, aun habiendo recurrido a medios deshonestos, y acostumbran a despreciar al justo que, a su entender, ha fracasado.

Es la vieja cuestión: ¿el fin justifica los medios? La respuesta, nos guste o no, es nítida y evidente: no. Viene ahora otra de las cuestiones, si no eterna, porque nada humano lo puede ser, si recurrente: ¿ser o no ser?, esa, se preguntaba Hamlet, es la cuestión. Y, sí, lo es.

Asumimos que no hay modo de dar con respuesta aceptable a este último interrogante si antes no tenemos claro que entendemos por ser y por no ser, aquí está la cuestión, y también la paradoja.

¿En qué consiste triunfar y que es fracasar? Si seguimos los cánones que siempre, desde que el humano lo ha sido, se han impuesto entre los de nuestra especie, triunfar es tener: tener dinero, tener poder, posesiones, influencia, lujos… ¡tener! Por contra, fracasar es carecer de lo que supone triunfar. Si esto se considera tal cual, el fin, que es el éxito, justificaría los medios usados para conseguirlo, puesto que el hombre vive para ser feliz y la felicidad estaría en el triunfo. Ser, equivaldría a triunfar en el modo en el que la sociedad lo entiende.

Si nos atenemos a lo que en verdad somos: seres vivos con capacidad para percibir sensaciones, entenderlas, pensarlas, y luego razonarlas para adquirir conocimiento, que es lo que nos hace ser lo que somos, entonces el triunfo está en la sabiduría: en acercarnos a ella; y el fracaso en la ignorancia: en no intentar alejarnos de ella.

Las dos opciones son incompatibles. Los requisitos que exige la segunda hacen imposible cumplir con la primera. Y es en este punto que debemos elegir y decidir. Y como por naturaleza somos, también, débiles, limitados e indecisos, aquí andamos pensando en quedarnos con una -de las opciones- sin querer dejar por completo la otra: "A Dios rogando y con el mazo dando…". Una mera paradoja de dos piernas: una anda hacia delante, la otra camina para atrás.

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