Descanso Dominical

Tus primeras veces

La infancia es una singular y extraordinaria colección de primeras veces

Me ha llevado algo más de ocho años escribir esta columna. Casi nueve. Es difícil de asimilar, pero ya ha pasado todo ese tiempo desde aquel día de noviembre que vino preñado de primavera. Tu madre rompió aguas mientras recogíamos los platos de la cena, la última cena sin ti. Y yo sospechaba que igual podía ponerme un poquito nervioso. Pero cuando, en vez de frenar en la puerta del hospital, aparqué el coche al otro lado de la pasarela de acceso e hice caminar trescientos y pico metros a tu madre parturienta para alcanzar el mostrador de admisión, comprendí que, en realidad, estaba histérico.

Este verano hemos ido juntos los tres a tu primer concierto. Qué ilusión. Te subí a mis hombros para que lo vieras mejor, y después, en el vídeo que grabamos, te he descubierto boquiabierta y he encontrado en tus ojos más brillo aún que en toda la parafernalia de luces que acompañaba en el escenario a ese cantante colombiano tan simpático y que tanto te gusta. Esa noche me la guardo para mi colección de tus primeras veces. Como aquella tarde, que era una tarde cualquiera, en la que nada hacía presagiar emociones fuertes, hasta que me sorprendiste en el pasillo de un supermercado mirándome fijamente y, como si te acabara de preguntar quién soy yo, me arrojaste a la cara ese "papá" seguido de tu sonrisa infinita. Y cuando subiste a un avión y volamos entre las nubes, cuando llegaste a los libros y os hicisteis inseparables, cada vez que conocías y reconocías a una de tus primas y primos, la primera Noche de Reyes, tus cumpleaños, la entrada por la puerta del cole… Lo estoy guardando todo aquí dentro para que no se me olvide. También, aunque no quisiera, se me han quedado las caídas, algún susto taquicárdico, y el día que incrédula tuvimos que explicarte que los abuelos, maldita sea, no son eternos.

Porque la infancia es una singular y extraordinaria colección de primeras veces en la que los padres tenemos la suerte de estar sentados en primera fila. Porque dejamos de ser niños el día que preferimos que mamá y papá ya no vengan con nosotros a descubrir el mundo, con sus grandezas y sus miserias.

Mientras llega ese momento, quiero vivirte, disfrutarte, agotar todas las risas que tenemos pendientes y construir carcajadas nuevas, abrazarte, dejar que me cameles, ir al cine, a la playa, a donde sea, pero cogidos de la mano… Y seguir conservando tus primeras veces para siempre. Que esto pasa muy rápido, mi amor, que si algún día estoy más torpe y se me van las cosas, nunca pueda olvidar que lo mejor que he sabido hacer, que sabemos hacer tu madre y yo en la vida, es quererte. Como la primera vez.

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