Socialistas en desconcierto

04 de enero 2026 - 03:08

Si Pedro Sánchez creyese de verdad que los resultados de las elecciones de Extremadura han sido una anécdota, un traspié aislado fácil de “encapsular” (otro palabro de este tiempo político), ¿a qué viene el giro y el golpe de efecto que se preparan para darle la vuelta a la situación? Si en Extremadura ha habido una debacle para el socialismo, ¿qué le hace pensar que todo irá mejor en las tres comunidades emplazadas a votar a corto plazo y con gobiernos de la derecha aparentemente más asentados que el extremeño? ¿Hay motivos para pensar que Pilar Alegría va a ser mejor candidata en Aragón –es la siguiente estación del vía crucis– de lo que Miguel A. Gallardo lo ha sido en Extremadura? ¿No fue estupefaciente escuchar a la portavoz de la ejecutiva federal, Montse Mínguez, declarar el lunes 22, ante el cadáver aún caliente de Gallardo, que “los socialistas estamos más fuertes que nunca”?

En todo este maremágnum de malas noticias para el PSOE procedentes del batacazo extremeño hay un detalle importante que sí es positivo: que el PP no consiguió más que un escaño de los diez que perdieron los socialistas mal liderados por Gallardo. Apenas hubo trasvase entre los dos partidos. Para la dirección actual del Partido Socialista resulta peor que avance la derecha moderada a que lo haga la ultraderecha, ya que de este modo se confirma su análisis de que Feijóo será rehén de Abascal, lo que es el principal argumento electoral, hoy y en el futuro inmediato, para el PSOE de Sánchez. Que haya subido la izquierda radical tampoco es motivo de su preocupación, al fin y al cabo son socios de gobierno (menos Podemos, que está en el monte).

Los estudios demoscópicos muestran, en este sentido, que las zonas en las que se ha registrado mayores tasas de abstención eran tradicionalmente las más inclinadas a votar al PSOE. Es lo que da esperanza a Pedro Sánchez en su sueño de revertir la tendencia cuando convoque las elecciones generales y el candidato sea él, convencido como está de que su gestión sólo merece aplausos, felicitaciones y papeletas.

Cada vez me encuentro por la calle a más militantes socialistas, votantes fieles y personas progresistas que se confiesan huérfanos: nunca votarían al PP, y menos a Vox, desconfían de Sumar, rechazan a Podemos, pero dudan si respaldar de nuevo a Pedro Sánchez, con el que no están de acuerdo en casi nada, o votar en blanco. Y el tema lo sacan ellos...

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