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Del susanato al susanazo

Susana, si quiere evitarse un susanazo, necesita un susanismo que subsane los socavones socialistas

La larga marcha de Susana Díaz hacia el liderazgo del PSOE ha consistido en dos pasitos adelante y uno hacia atrás. Eso le ha hecho llegar muy lentamente al Rubicón de Despeñaperros, como parece que ya llega. Se nota en los cambios de perfil que adopta, según analizaba con perspicacia José Ramón del Río ayer aquí. La lentitud se la entiendo: es difícil renunciar a ser cabeza de ratón para ser cola de león. Encima, al paso que va el PSOE, será, más bien, cola de ratón.

Natural, por tanto, que Susana sugiera que seguirá siendo, a la vez que secretaria general del PSOE, presidenta de la Junta. Lo que resultaría muy chocante y, en la práctica, imposible, como ha explicado -también en estas páginas- José Aguilar con contundencia. Tendríamos, sin ánimo de faltar a nadie, un nuevo monstruo mitológico: el Susano, con cabeza de ratón, cuerpo de campaña electoral y cola de león.

Pero el problema de Susana Díaz no fue nunca alcanzar la secretaría general del PSOE, sino ganar luego, desde allí, unas elecciones. Y todas sus reticencias no son sólo una muestra de su interés por mantenerse al abrigo del poder real y rugiente de la Junta de Andalucía, donde las cosas vienen rodadas. Son también una muestra de inteligencia, porque debe de saber que lo tiene crudo.

El reto del socialismo va muchísimo más allá de un cambio de líder. Es una cuestión de espacio electoral, de contenido ideológico y de aval de gestión. Si Susana, que viene del plácido y poderoso susanato andaluz, quiere evitar un susanazo en las primeras generales, tiene que crear un susanismo que subsane esos tres socavones. Una renovación total, como la de Blair, que no sé si está a su alcance. ¿Es una líder capaz de conectar con el voto joven de izquierdas? Cierto que con el voto mayor es el decisivo y el que le basta en Andalucía, pero en el resto de España el voto mayor es mayoritariamente del PP. La dificultad ideológica tampoco es pequeña: aquí todos se han hecho progresistas, de modo que la extensión de sus ideas ha dejado al PSOE sin ellas. ¿Podría Susana hacer una auténtica renovación intelectual en la izquierda moderada? ¿Y en qué línea? Por último, la imagen de gestión eficaz, viniendo de una Andalucía con problemas enquistados, costará darla. Cuando Susana Díaz cruce Despeñaperros, habrá dejado atrás su zona de confort, como se dice ahora. Para ella será un período endiablado; para nosotros, fascinante.

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