La vacunación es una forma sencilla, segura y eficaz de prevenir enfermedades y salvar vidas. Cuando nos vacunamos, no solo nos protegemos a nosotros mismos, sino también a quienes nos rodean. La historia de las vacunas es la historia de la lucha contra las enfermedades que durante siglos se han cobrado un terrible tributo en vidas.

Sin embargo, según una encuesta realizada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts, una de cada tres personas de todo el mundo no se vacunaría o no sabría si vacunarse contra la COVID-19. Y según los datos del último Barómetro del CIS, el 43,8% de la población española no estaría dispuesta a ponerse la vacuna de inmediato cuando salga.

La confianza en la vacuna contra la COVID-19 desciende, pues hasta hace un mes el 44% de los españoles se vacunaría en cuanto fuera accesible el antídoto y el 40% no lo haría, ahora es al contrario y tan solo el 40,2% se inyectaría el fármaco.

Con la reticencia en su punto más álgido, junto a la mala situación económica, el escepticismo sobre las medidas del gobierno y la irritación por el confinamiento, aparecen oportunidades para que los negacionistas, antivacunas y demás conspiranoicos influyan sobre los más influenciables y vulnerables.

Bertrand Russell decía que gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas, pero eso no debería suceder con la vacuna contra el coronavirus.

La maquinaria de la propaganda contra la futura vacuna lleva meses en marcha difundiendo falsas informaciones a través de las redes. Los medios y páginas que atacan las vacunas contra el coronavirus están llenos de errores, falacias, medias verdades, mentiras completas, argumentaciones vehementes y coloristas, datos y más datos (mal interpretados o falseados) y paranoicas denuncias sobre supuestas conjuras de la industria farmacéutica, Bill Gates o George Soro.

Con tanta falacia y desinformación, estos grupos han sumado adeptos a su causa, la de no vacunar, cuyo único resultado es la indefensión de la población ante enfermedades contra las que no existe protección, ni tratamiento efectivo.

Por eso, una vez esté lista la vacuna, será primordial iniciar una campaña de información y concienciación para aumentar ese porcentaje de confianza. Yo me vacunaré contra la COVID-19, al igual que he hecho contra la gripe, porque la realidad es que con estas vacunas comenzaremos a dar pequeños pasos para volver a cierta normalidad. Debemos tener paciencia, ser comprensivos y vivir el día a día.

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