Dos años muy malos para el aceite de oliva

La escalada de precios es una consecuencia casi obligada de una reducción a la mitad de dos cosechas

Los precios del aceite de oliva seguirán subiendo hasta mayo, según la previsión más optimista, o noviembre si el próximo año agrícola resulta tan malo en lo climatológico como el actual. La sucesión de dos inviernos en los que apenas ha llovido han mermado la cosecha pasada y la que aún se encuentra en el árbol, de modo que la opinión del sector es que el stock de la industria y las cooperativas se quedará, prácticamente, en cero el próximo otoño. Ante tal reducción de la producción, que se calcula en algo más de la mitad, el sector se ha visto obligado a una subida de precios que, de momento, no ha producido una migración del consumidor hacia otras grasas vegetales. Habituados al uso del oliva en la cocina, las familias prefieren consumir menos cantidad sin cambiar la costumbre. Pero no hay seguridad de que esto pueda mantenerse en el tiempo, en especial en los mercados internacionales, donde el aceite de oliva virgen extra había logrado hacerse un hueco creciente. En un mercado que fija los precios a futuro, esto es lo inevitable, la caída de producción prevista para la próxima cosecha lleva a esta escalada que, de momento, ha colocado el litro del virgen extra en los 10 euros. Si siguiera sin llover el próximo invierno, el sector entraría en un territorio desconocido con tres cosechas muy malas consecutivas. Incluso el olivar de regadío e intensivo se ha visto muy afectado porque los desembalses se restringieron por la escasez de agua. Nos encontramos ante un problema de calado para el principal cultivo de Andalucía, que no es sólo económico, sino social. Hay que subrayar que el sector no ha recibido, hasta ahora, ninguna ayuda específica por la sequía.

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