Este palacio barroco de Jerez es uno de los más bonitos de Andalucía y está repleto de obras de arte de valor incalculable
Mandado a construir por un marqués, posteriormente, fue adquirido por una de las familias de mayor tradición bodeguera de España
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La sociedad se transforma con el paso del tiempo. Pero, afortunadamente, se conservan edificios que dan fe de la prosperidad de algunas familias en épocas pasadas. Este es el caso de uno de los palacios más bellos de la ciudad de Jerez, construido por una familia aristócrata considerado hoy día un símbolo de una ciudad levantada sobre el vino, el comercio y la conexión con Europa.
El Palacio Domecq (plaza Aladro, 2) fue mandado a construir por Antonio Cabezas de Aranda y Guzmán, el primer Marqués de Montana en 1775. Sus arquitectos fueron Juan Díaz de la Guerra, el sevillano Antonio Matías de Figueroa y Pedro de Cos, autores de numerosas y reconocidas obras en Jerez y Andalucía.
Tras la muerte del Marqués en 1785, pasó al Cabildo Colegial y, posteriormente, se convirtió en el hogar de una de las familias de mayor tradición bodeguera de España en 1885 cuando fue adquirido por Juan Pedro Domecq Lembeye, hermano menor del primer Domecq que llegó a Jerez.
Este soberbio palacio es el máximo exponente de la arquitectura barroca en Jerez del siglo XVIII. De planta cuadrangular, está orientado en torno a un patio central, el patio de columnas, de mármol rojo toscano, presidido por una escultura neoclásica, alegoría de la paz y la armonía que simbolizan la virtud del buen gobierno que han de regir la vida en la casa. Llaman la atención el suelo geométrico de baldosas blancas y negras, intrincados arcos tallados, columnas y una gran escalera doble.
Su fachada de tres plantas, cuenta con numerosos balcones majestuosos, mientras el interior dispone de altos techos y enormes puertas de madera. Además de su valor per se, acoge numerosas obras de arte de valor incalculable, preciosos tapices y retratos de reinas y reyes de antaño, esculturas y materiales nobles traídos desde Oriente, Italia, Flandes y Francia.
En la antesala salón de invierno destaca el cuadro de Pedro Domecq Loustau, quien inventó accidentalemente el primer brandy al almacenar destilado en barricas de roble americano que anteriormente habían contenido vino de Jerez. Su precioso marco de madera tallada narra en sus esquinas las obras de caridad llevadas a cabo por Loustau en Jerez.
Sus dependencias -despacho, sala de reuniones, sala de baile, biblioteca...- reflejan la vida de la burguesía de la época, pero sobre todo, se trata de un conjunto artístico y cultural único y excepcional, de enorme valor.
Una visita obligada para cualquiera que se encuentre en la ciudad.
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