Pregón de la Semana Santa de Jerez 2019 El 'ángel' que anunció la Semana Santa

  • Rodríguez Aguilocho cumplió sobradamente con las expectativas creadas por los cofrades de la ciudad al desplegar un pregón cofrade y muy jerezano que quedará para el recuerdo

Sonó la banda de Jesús Nazareno de Rota. Sonó bien afinada y con elegancia. Pero no hay más remedio que destacar que se echó de menos a la banda municipal que otro año más falta al pregón de la Semana Santa. Para un pregón tan clásico como el que ayer brindó a todo el Jerez cofrade Ángel Luis Rodríguez Aguilocho, bien podría haber estado la municipal. Por aquello de lo tradicional. Pero no pudo ser y digna sustituta fue la banda roteña.

Eran las doce y cuarto de la mañana cuando Carlos Galera Rodríguez, presentador de su tío Ángel, se plantaba en el atril del escenario y hacía toda una confesión de lo que significa la figura del pregonero para él. Una presentación con giros donde se habló de alturas y de sombras. Sombras que cobijan unos árboles que no necesitan despuntar del horizonte. Una presentación muy humana. Perfecta para lo que habría de venir. El toro oscuro de la profundidad del patio de butacas ya estaba colocado para hacerle faena.

John Ford bien podría haberse inspirado en el pregonero cuando rodó 'El hombre tranquilo'. Sin inmutarse, Rodríguez Aguilocho desplegó el verso sin prólogos ni preparación. Nervios de acero se proyectaban desde el escenario. Dibujó a través del poema un sendero por donde cabalgaba el calendario. Comenzando en las marismas del Rocío para pasar por el Carmen allá por el mes de julio, y así conjugar los primeros vinos de septiembre con la festividad de la Merced. Trasladarse para llegar a la Navidad y a sus zambombas. Y erigir un cenit con el tiempo de Cuaresma para la preparación de la Semana Santa. “Jerez ya se está preparando para abrir las puertas del Cielo”, remató para que el Villamarta conectara y entrara en órbita.

El pregón de Ángel Rodríguez Aguilocho resultó finalmente un compendio de lo que ya adelantara en la entrevista a este medio. No engañó a nadie. Un pregón muy personal. Con una visión propia de la Semana Santa y de sus cofradías. De mirada, en muchas ocasiones, desde los respiraderos de un paso al definirse como “un costalero”. Aprovechó sus experiencias bajo los pasos para contar anécdotas que dibujaron la sonrisa del público. Un crucificado que fue demasiado rápido a tierra por culpa de un perno mal cogido o la voz entrecortada de un costalero cuando en una calle con caída le vinieron tantos kilos encima que enmudeció.

Sus vivencias costaleras y sus recuerdos con la túnica. Las noches de fríos ensayos y la mirada del Señor de las Tres Caídas que dejaba muda y sin aliento a la muchedumbre en la plaza de San Lucas en la tarde del Miércoles Santo. Y también, como ya se ha adelantado, un pregón muy jerezano. Un Jerez que se debate entre entresijos futboleros con un carné 'Deportivo' con el número 43. Y un Jerez de copas de vino como con la que brindó por un 'pregón de diamante' al cumplirse los 75 años desde que lo hiciera por primera vez José Cádiz Salvatierra. Jerezano, como lo es, el Cristo de la Expiración, al cual, con la guitarra de 'Lupi', le dedicó unos preciosos versos pidiendo a aquellos que conocen los misterios del Campillo que le cuenten cómo es El Cristo. Que la vida le privó conocerlo al tratarse una de las hermandades que siempre deja de ver al estar con su cofradía de la Soledad.

Al pasar por la jornada del Martes Santo, el pregonero se acercó al bello rostro de la Virgen de los Remedios. Una imagen que “podrías estar horas viéndola sin cansarte”, aseguró. Y más allá, una de sus grandes devociones que, “estando en un segundo plano”, se erigió como una de sus grandes devociones. Un Cristo maravilloso que por no hacer ruido “se dejó clavar hasta el cuarto clavo”.

Quizá uno de los momentos más emotivos vino cuando el pregonero quiso explicar la razón por la que cada año viste la túnica del Santo Crucifijo de la Salud. Fue en una noche fría de trabajo costalero bajo los palos del Señor de la Vía Crucis cuando se le partía el alma al enterarse del súbito fallecimiento de 'Nono' Merino, hará ahora nueve años, cuando, vestido de nazareno de San Miguel, fallecía en el portal de su casa camino al templo para hacer su estación de penitencia. Unos sentidos versos que hicieron incluso emocionarse al propio pregonero.

Vísperas

Con la emoción vivida tras narrar la falta de un amigo, Aguilocho, en una buena estrategia, dio un giro y, tomando a su abuelo de la mano, le fue mostrando aquellos barrios que ahora tienen cofradías. Como si llevara años sin ver Semanas Santas y hubiera que ponerlo al día. Así llevó al anciano hasta El Chicle para ver al Nazareno de Aguado, y a Zona Sur para comprobar cómo se gesta una cofradía alrededor del crucificado de La Sed. Y Bondad y Misericordia que está ligada siempre a San Juan –San Juan Grande, San Juan de Letrán y San Juan de Dios– y a Las Torres con su Salvación, y a la Mortaja. Y también a la nueva cofradía de la Misión en Picadueñas para dejar asombrado al abuelo al decirle que, también, en Guadalcacín, había una cofradía erigida.

Prosiguió desarrollándose este bello preámbulo para parase ante la Amargura en las Angustias cuando los hermosos acordes centenarios de Font de Anta se interpretan en la esquina del viejo humilladero. Y el Cristo del Perdón, al que pidió que, antes de hacer un análisis rápida de la hermandad por parte de algún desahogado, diga primero “perdone usted”, por las adversidades a las que se ha enfrentado esta gran cofradía.

Y así, Ángel Luis, llegó a una de sus grandes devociones marianas. Un enamoramiento que fue “como un flechazo” a la Santísima Virgen de la Estrella. “Sin ser lasaliano me considero de la Estrella”. Fue uno de los momentos más sentidos y de las más emocionadas cuartetas dirigidas a bella imagen del Colegio San José. Momento en el que aprovechó, de rondón, para solicitar la coronación canónica de la Santísima Virgen aprovechando la presencia del prelado, que ayer fuese la festividad de San Juan Bautista de la Salle, que también se cumplían trescientos años de su fallecimiento, que se esté Año Jubilar Lasaliano y un buen puñado de razones con la coletilla de “coronar a la Virgen de la Estrella”. Y para rematar el capítulo, añadir que “yo no tengo un gran interés, don José. Que simplemente lo hago porque me he acordado”; todo ello con gracia y cierta socarronería. Y el aplauso del respetable que ya estaba tan metido en el pregón que parecía que la fachada del Villamarta marcaba dos mundos apartes. Desenganchados de la vida que proseguía a las afueras del coliseo.

Tras el Prendimiento, que tuvo su capítulo aparte levantando la voz y afirmando que “el mundo entero se para ante Jesús del Prendimiento”, llegó la hora de la Soledad. Su Virgen a la cual la dejó para el tramo final. Se definió como un hombre que respira en morado y negro. Y mientras el mismo Jerónimo Sánchez Llamas dibujaba en el piano los acordes de la marcha que él mismo compusiera para la Reina de la Porvera, 'Soledad de Madre', Ángel fue deslizando con su versos la importancia de sentir la compañía de la Madre cuando se pierde la esperanza en todo. Con una frase que bien podría tener su comentario de texto por la profundidad de la misma cuando dijo aquello de “cuando quieres escuchar una palabra y escuchas frases vacías”. Pues ahí está la Madre en la Soledad.

Y como no podía se de otra manera, el pregonero hizo su despedida dedicándole este pregón a su ciudad. La que siente y la que quiere. Con unos preciosos versos que hicieron levantarse a todos de las butacas cuando remató esta obra diciendo en voz alta que “en mi cuerpo una túnica y en mi pecho un escudo de Jerez de la Frontera”.

En definitiva un pregón que se tardará en olvidar por su buen sentido, por lo bien escrito y por lo vivencial. Por lo jerezano y por lo irónico. Por lo inteligente y por lo bien estructurado. Un pregón que bien podría firmar cualquier cofrade que quiera subirse a las tablas del Villamarta o hubiera firmado quien ya pasó por este escenario. Porque quizá fue el pregón que todos hubieran querido desplegar. Un pregón de altura y una falta al pregonero. Veinte centímetros más de estatura. Sin embargo, a pesar de ello, dejó el listón más que alto. Para desdicha de quien tenga que tomar el testigo el Domingo de Pasión del año próximo que será ya el 2020.

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