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Hordes of Hunger es la sorpresa roguelite que afila el género que encumbró Vampire Survivors

El Loot de Txeron

El título combina acción desenfrenada, medida progresión y una atmósfera sombría para ofrecer una vuelta de tuerca al fenómeno popularizado por el desarrollador italiano Luca 'Poncle' Galante

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El título cuenta con un arte muy oscuro.
Norberto López

27 de febrero 2026 - 07:01

La avalancha de videojuegos surgidos tras el fenómeno de Vampire Survivors tenía visos de colapsar por esa falta de creatividad tras el melocotonazo del desarrollador italiano Luca 'Poncle' Galante. Sin embargo, Hordes of Hunger, título desarrollado por Hyperstrange, demuestra que todavía hay margen para innovar cuando se combinan con acierto el roguelite y el arena-slasher (un subgénero de videojuegos de combate enfocado en enfrentamientos rápidos, generalmente 1 contra 1 (PvP) o de supervivencia, ambientados en un espacio cerrado o arena) con alma de ARPG.

La premisa es tan sencilla como efectiva: la Bestia y sus criaturas emergieron del mar para devastarlo todo. En medio de ese paisaje desolado solo queda Mirah, una joven marcada por la tragedia que asume la misión de romper la maldición antes de que el mundo quede sumido en la oscuridad. A su lado, una figura enigmática conocida como “Padre” actúa como guía y apoyo en esta cruzada desesperada. A través de sus intervenciones y de los supervivientes que rescatamos en cada incursión, el juego va desplegando un relato oscuro y melancólico que, aunque se dosifica con cuentagotas, consigue envolver al jugador en una atmósfera opresiva.

Ese goteo narrativo, no obstante, tiene un peaje: al espaciar tanto los fragmentos de historia entre partida y partida, algunos matices corren el riesgo de diluirse. El códice ayuda a recomponer las piezas, pero no siempre logra mantener intacta la intensidad emocional de ciertas revelaciones. Aun así, el trasfondo —con personajes como un padre consumido por la culpa o un cocinero con las manos manchadas de sangre— aporta una dimensión dramática que eleva la propuesta por encima del simple “machaca-botones”.

Donde Hordes of Hunger brilla con luz propia es en su sistema de progresión. Cada partida se estructura en tres segmentos diferenciados. Tras arrasar con suficientes enemigos, el tiempo se congela en el llamado Santuario, un respiro estratégico en el que podemos retirarnos y conservar los recursos obtenidos —aunque eso suponga dar por concluida la incursión— o arriesgarlo todo aceptando un nuevo objetivo aleatorio antes de encarar el tramo final, que culmina con un enfrentamiento contra un jefe. Esta estructura introduce una tensión constante entre riesgo y recompensa: morir implica perder parte del botín, pero retirarse demasiado pronto frena nuestro crecimiento.

Su apartado audiovisual es muy notable.

El componente roguelite sigue los cánones del género —subimos de nivel al acumular experiencia y elegimos entre tres ventajas—, pero introduce un giro interesante en las mejoras estadísticas. En lugar de limitarse a sumar un porcentaje fijo al ataque o la defensa, algunas ventajas aumentan su efecto cada vez que volvemos a subir de nivel tras haberlas escogido. Es decir, el beneficio se amplifica de forma progresiva, lo que incentiva la planificación a medio plazo y crea configuraciones de personaje mucho más dinámicas. No se trata solo de sumar poder, sino de diseñar una estrategia coherente.

A ello se suma un arsenal variado que permite adaptar el estilo de combate: desde la agilidad de la espada hasta la contundencia de un martillo pesado, pasando por ataques especiales capaces de invocar truenos al aterrizar o prender fuego a las hojas para abrirse paso entre la marea enemiga. El diseño de niveles, además, apuesta por arenas tridimensionales con cierta verticalidad: escaleras, plataformas y pasillos elevados que ofrecen rutas de escape o posiciones ventajosas cuando la presión aprieta. No es un simple círculo cerrado repleto de enemigos, sino un escenario que invita a aprovechar cuellos de botella, estructuras destruibles y desniveles para sobrevivir.

Visualmente, el juego apuesta por una estética sombría y decadente. Las fortalezas en ruinas y los restos del pueblo devastado transmiten una sensación constante de derrota y suciedad, como si cada combate se librara en el umbral del infierno. La música refuerza esa emoción lúgubre, envolviendo cada enfrentamiento en un tono de desesperación que, paradójicamente, resulta adictivo.

En un mercado saturado de propuestas similares, Hordes of Hunger consigue destacar gracias a pequeños pero decisivos ajustes en la fórmula. Su mezcla de acción directa, progresión estratégica y narrativa oscura lo convierten en una propuesta sólida para quienes buscan algo más que sobrevivir unos minutos en pantalla. Aquí no solo se trata de resistir; se trata de comprender el origen del mal, rescatar lo poco que queda en pie y decidir hasta dónde estamos dispuestos a arriesgar para plantar cara a la oscuridad.

Hemos podido probar este juego gracias a una clave para PC (Steam) que el estudio nos ha remitido a través de Game.Press

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