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El peso de la desconfianza

  • Edu Moya no consigue convencer al xerecismo en su retorno al equipo titular en un partido donde alterna aciertos con errores de bulto provocados por la inactividad

La sanción de Redondo daba paso ayer a Edu Moya. El que llegó con el teórico papel de ser titular se ha visto relegado por el sevillano y ahora sus intervenciones son motivo de comentario.

El partido era nueva oportunidad para el lateral xerecista y se le notaba algo tensionado por ello. Por encima de todo, lo que le falta a Edu Moya es confianza. Lleva mucho tiempo sin jugar con continuidad y eso hace que en un mismo partido alterne acciones brillantes con otras incomprensibles y que sólo se pueden explicar en el contexto de un jugador que ha estado muchos partidos alejado de la actividad profesional.

Comenzó el choque participando mucho. En el corte o apostando por el pase largo, mucho juego se volcaba por su zona. Mandó más de un buen servicio a José Mari y salía al corte con esa rapidez y vehemencia propia de su juego, pero al poco fallaba clamorosamente en alguna entrega o perdiendo la posición en acciones que le daban la ventaja a Del Olmo.

Menos mal que tampoco el rival que tenía enfrente está en su momento. Este vizcaíno de 29 años se encuentra en la última etapa de su carrera después de haber tocado el cielo jugando con el Athletic hace dos años. Joaquín Caparrós luchó para conseguir su fichaje, pero apenas contó con minutos y terminó saliendo hacia el Hércules, donde tampoco gozó de continuidad. En Chapín se le vio más bien poco, aunque la realidad es que el estilo de la Ponferradina, con constantes pelotazos hacia arriba no le ponen las cosas sencillas a los jugadores que tiene más adelantados.

La grada de Chapín estaba muy pendiente de todo lo que hacía Edu Moya, que tras comenzar la temporada como titular ante el Cartagena, cayó en desgracia hasta que ayer se dieron las circunstancias para volver al equipo. La mala actuación cuajada en aquella primera jornada la pagó muy cara y, seguramente, no lo hizo peor que sus compañeros. En cualquier caso, había murmullos en la grada cada vez que tocaba un balón, consciente el xerecismo de que este futbolista es capaz de lo mejor y de los peor sin solución de continuidad.

En la segunda parte bajó la participación del xerecista y subió la del jugador visitante. El juego ya no pasaba en la creación por la banda derecha y Moya se quedaba haciendo la cobertura en la mayoría de las ocasiones. Lo que no cambiaba era la desconfianza de la grada, que se temía lo peor cuando el balón rondaba cerca del pacense y que le aplaudía cuando lograba hacer un buen despeje. Era como si el público respirara hondo al comprobar que, efectivamente, se puede confiar en él.

Del Olmo, por su parte, destacó algo más porque su equipo salía a la contra y disfrutaba de espacios para encarar a la defensa, que reculaba como buenamente podía. Por suerte para los intereses azulinos, este futbolista también notaba la inactividad. Dos casos similares para un duelo que también acabó en tablas.

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