Navidad 2019 | La evolución de la Nochebuena de Jerez (IV)

El descubrimiento de Ángel Vargas

  • Juan Pedro Aladro y Parrilla incorporan al cantaor al escucharlo mientras montaba una exposición con la Caja

  • La Paquera y El Nano serán los artistas invitados en los números 5, 6 y 7

Una imagen del interior del VII volumen del disco. Una imagen del interior del VII volumen del disco.

Una imagen del interior del VII volumen del disco.

Pese a la buena experiencia con la Peña Tío José de Paula y el grupo conformado en torno a ella, la cuarta entrega de Así Canta Nuestra Tierra por Navidad, grabada en 1985, vuelve a traer novedades. La Caja recurre nuevamente a la Cátedra de Flamencología, aunque esta vez para continuar utilizando su nombre para el coro, que seguirá denominándose Coro del Aula de Folklore de la Cátedra de Flamencología, a cambio de una contraprestación económica. Así, repiten voces como las de La Macanita, Mari Carmen García, Mercedes Fernández, Torrito y Fernando Torre (estos dos últimos no habían participado en el tercero y si en los anteriores), amén de la zambomba de Gregorio Fernández y la guitarra de Parrilla.

Las dos caras nuevas serán Moraíto y Ángel Vargas, dos nombres que de cara al futuro de la colección van a contar con peso específico.

El caso de Ángel Vargas esconde una historia cuanto menos curiosa. Posiblemente a día de hoy nadie discutiría a la que ha sido una de las voces más singulares de la colección con villancicos como ‘Niño Chiquetito’ o ‘Pastores que pastorais’, pero lo cierto es que su aparición a la saga resultó toda una anécdota. “Yo trabajaba para la Caja de Ahorros montando exposiciones y una vez, estando en Los Claustros nos quedamos todo el día. A la hora de comer nos tomamos unas copitas y el encargado me dijo: ‘Ángel, canta un poquito’. Resultó que allí estaba Juan Pedro Aladro, le gustó mi manera de cantar y me llamó a través de Parrilla para grabar”.

Moraíto, por su parte, va a desempeñar un papel fundamental a partir de este número, primero como complemento de Parrilla y años más tarde, tras la salida del veterano tocaor, como su sucesor en el apartado musical. Sin haber cumplido los treinta años, Morao encaja a la perfección en el ambiente diseñado por Aladro, no sólo por su calidad como guitarrista sino también por su calidad humana.

“Era una persona que creaba ambiente, al igual que Gregorio Fernández, siempre estaban de guasa y eso servía para quitar seriedad al asunto”, admite Aladro. “Recuerdo que cuando se acercaba el verano y lo llamaba y me decía ‘ ya está aquí la movida de los villancicos’, continúa entre risas.

Parrilla, junto a La Macanita y Ángel Vargas. Parrilla, junto a La Macanita y Ángel Vargas.

Parrilla, junto a La Macanita y Ángel Vargas. / Atin Aya

“Moraíto era un ser único. Pasé mucho tiempo viajando con el grupo por aquello de que bajo mi puesto de relaciones públicas organizaba las actuaciones y presentaciones. En los ensayos contrastaba la seriedad de Parrilla con el humor de Manuel”, señala Pepe Soto, responsable entonces de márketing de la Caja.

“Morao le decía a Parrilla ‘lo que usted diga, mi capitán’, siempre estaba de guasa, pero Parrilla confiaba mucho en él y permitía que tanto él como yo nos pusiéramos a veces a contar chistes”, recuerda Gregorio Fernández.

El cuarto volumen transcurre por los mismos cánones que el resto, es decir, con doce temas (la mayoría de ellos romances) en el que el último responde a un fin de fiestas por bulerías. Hablamos de ‘El melo, melo’, ‘El cura no va a la iglesia’, ‘La pícara de mi suegra’, ‘La monja y el sangrador’, ‘Tío Andrés’, ‘El ay, ay, ay’; ‘La pava’, ‘El Pollo’, ‘Zagalillos del Monte’; ‘El Carro y el cascabel’; ‘Padre cura, mi marío’; y ‘Sin estrellas y sin luna’ (nochebuena por bulerías).

De ellos, brilla con luz propia la interpretación que realiza Torrito en ‘La monja y el sangrador’, donde queda patente su ángel y esa gracia que lamentablemente cada vez encontramos menos en nuestra sociedad actual; y también el ‘Melo, melo’, sin duda, uno de los villancicos que más han calado entre la gente de a pie.

Como el resto, el éxito fue abrumador, dejando la puerta abierta para lo que vendría los dos años posteriores, La Paquera.

Después de cuatro años de duro trabajo y una vez asentada la colección, 1986 llega con aires nuevos para Así Canta Nuestra Tierra en Navidad en su volumen cinco. El tradicional Coro del Aula de Folklore de la Cátedra de Flamencología pasa a llamarse Coro de Villancicos de Parrilla de Jerez. Será un paso previo a la denominación definitiva, pues dicha nomenclatura solamente permanecerá vigente durante ese año, ya que a partir de 1987 el grupo se llamará ‘Coro de Villancicos de la Caja de Ahorros de Jerez’.

La Paquera y La Macanita, durante una grabación. La Paquera y La Macanita, durante una grabación.

La Paquera y La Macanita, durante una grabación.

Con prólogo de Antonio Murciano y portada de Joaquín Cañete Babot, la quinta entrega de la colección recuperará la propuesta planteada dos años antes, es decir, la de contar con un artista invitado. Si en la primera propuesta el elegido es ‘El Sordera’, para la segunda, el nombre propio es el de Cayetano Fernández ‘Nano de Jerez’. Nano pondrá la nota de color a una grabación que mantienen la tónica de los volúmenes anteriores, es decir, la de la adaptación de antiguos romances y tonadas.

En esta ocasión, se adapta el Romance del buen mozo arriero (que en el disco se denomina ‘Camino de naranjales’), la Tonada de los picapedreros (que en el disco se llama ‘Madre, yo quiero ir al puente’), el villancico del ‘Ta-ran-tán’ y algunas chuflas de Arcos, todas bajo la supervisión del propio Antonio Murciano y Julio Mariscal.

El denominado Coro de Villancicos de Parrilla de Jerez apenas sufrirá modificaciones en sus miembros, y al igual que en el volumen anterior serán Moraíto y Parrilla como guitarristas; Torrito, Fernando Torre y Ángel Vargas en las voces masculinas, y Mercedes Fernández, Mari Carmen García y La Macanita en el lado femenino. Gregorio Fernández volverá a ser un año más el encargado de los jaleos y la zambomba.

Como de costumbre, los meses previos al verano se convertían en un reguero de artistas hacia la calle Campana, domicilio de Manuel Parrilla. Tomasa ‘La Macanita’ recuerda aquellas tardes de verano “con mucho cariño. Manuel era muy insistente y nos tenía ensayando hasta los fines de semanas. A nosotros nos decía cuando llegaba el sábado: ‘Hoy no hay playa, a la playa tenéis que ir los lunes’”, comenta la cantaora con nostalgia.

“A los niños-continúa- no les dejaba ver el fútbol los domingos, y el Morao y Gregorio siempre intentaban darle las vueltas”, recalca.

“Yo personalmente aprendí mucho de Parrilla, sabía lo que podía hacer y siempre me dejaba algún villancico especial para que yo lo hiciera. A veces me temía porque yo siempre decía ‘ese villancico no me sale a mí, no va conmigo’, pero al final cuando escuchaba el resultado, él mismo me decía: ‘Ningún año te gustan pero al final mira cómo queda’”, relata entre risas.

La cantaora jerezana comenzó a trabajar en la colección con apenas 15 años de ahí que no oculte su agradecimiento al guitarrista. “Le debo mucho, porque me ayudaba y siempre se acordaba de mí para trabajar, ya no sólo en Navidad con el coro sino durante el año también”.

Del maestro, Tomasa asegura que “ha sido un compositor como pocos” y reitera que “su implicación con este proyecto, como también pasaba con Juan Pedro Aladro, fue importantísima”.

Un año más tarde, Juan Pedro Aladro elige para 1987, coincidiendo con el sexto número de la saga, a Francisca Méndez Garrido ‘Paquera de Jerez’ como artista invitada. Su presencia, avalada por su inseparable Parrila, sirve para otorgar un mayor caché a una colección que después de cinco años se había ganado el respeto y admiración del público. Con su presencia, la saga no solamente ganará en lo meramente artístico, con grabaciones históricas como aquel ‘Qué bonito está un sordao’, ‘Ya se van los quintos, mare’, ‘Tiene mi morenito’, sino también en el día a día pues su personalidad fuera de los escenarios también dejó huella entre toda aquella familia que componía ‘Así Canta Nuestra Tierra en Navidad’.

Su peculiar carácter se hace patente en la grabación y su ímpetu cantaor convierte a este volumen en otro de los imprescindibles. Juan Pedro Aladro recordaba entre risas que “una vez se coló en el estudio de grabación con una caja de polvorones, y cualquiera no se comía uno. Imagínate en pleno verano en Sevilla y con más de cuarenta grados comiendo polvorones”, añade en referencia a Paca.

Otra de las anécdotas más curiosas de La Paquera la relata Pepe Torrano, técnico de sonido, quien guarda un tremendo cariño hacia la desaparecida cantaora. “De La Paquera puedo contar infinidad de anécdotas, porque era única, pero la que más me llamó fue la atención fue una durante un día de grabación. Al colocarse frente al micrófono era tal la potencia que tenía al cantar que para grabar teníamos que ponerle una silla delante del micrófono para que no se pegara a él y saturara el sonido”, recuerda.

“Al final, como era tan peculiar, cuando el villancico le hacía subir de tono se echaba hacia adelante, se apoyaba en la silla y los compresores del micrófono sufrían que no veas. Menos mal que había buena maquinaria y era maravillosa”, señala.

Su comunión con Parrilla era perfecta, como se puede comprobar en el legado navideño realizado, y el resultado de horas de grabación, magnífico. “Todo pese a que no fue sencillo”, cuenta La Macanita. “Una de las veces hacía tanto calor que Juan Pedro Aladro tuvo que posponer su grabación hasta el día siguiente, porque no podía”, continúa.

Además, la cantaora de San Miguel tenía un inconveniente, “que no sabía leer ni escribir”, explica Gregorio Fernández, “por eso el trabajo de Parrilla en la adaptación de los villancicos con ella fue extraordinario”.

El ejemplo de todo esto aparece en el villancico comentado con anterioridad ‘Qué bonito está un sordao’, donde se adecúa la letra a la personalidad de la cantaora. Así, si en la letra original se habla de ‘Qué bonito está un sordao/con los brazos en la cadera’, se modifica hacia ‘Qué bonito está un sordao/con las manos en la cintura’.

En otras ocasiones, para que siguiera en el estudio el orden de las letras, “le poníamos un papel al otro lado de la pecera para que no se equivocara”, recordaba Juan Pedro Aladro.

De su aportación, José María Castaño, investigador y crítico flamenco, resalta “no sólo era la fuerza, el volumen en la colocación de la voz, también ese compás natural y esa forma de expresarse en flamenco que únicamente son capaces de elevar quienes asumieron como ella una forma de ser y estar ante la vida que llamamos flamenco”.Esta sexta entrega contará con el prólogo de Juan de la Plata, que regresa de esta forma a primera línea de la colección, y con la portada de Paco Toro.

Diez serán los temas que se graben para esta ocasión (‘La visitación a Santa Isabel’ ; ‘Ya se van los quintos, mare’; ‘La Virgen y Santa Rita’; ‘Villancico del Leren’; ‘Villancico del amante’; ‘Tiene mi morenito’; ‘Qué bonito está un sordao’; ‘Manolito de los Reyes’; ‘Si al campo fuera’; y una Fiesta por bulerías.

En la bulería que cierra el volumen, Parrilla, como ya había hecho antes, vuelve a contribuir en las composiciones con letras propias, que se unen a otras de Manuel Ríos Ruiz y Dolores Torre.

El elenco volverá a ser el mismo, con sólo una excepción, pues el lugar de Mari Carmen García, que había sido habitual desde el tercer volumen, se incorpora Mercedes Prado, que se unirá así a La Macanita, Mercedes Fernández, Tomás Torre, Fernando Torre y Ángel Vargas, además de las guitarras de Moraíto y Parrilla y la zambomba de Gregorio Fernández.

Junto a todos ellos encontramos el nombre de Ana Parrilla, una persona que en algunos volúmenes no aparece oficialmente en el elenco artístico pero cuyo papel a la hora de crear ambiente fue decisivo. No obstante, en este sexto volumen, a la bailaora jerezana sí la vemos, tanto en los créditos, atribuyéndole la percusión, como en la fotografía que acompañaba a la edición, realizada en el Alcázar.

Además de ella, “que veía de manera salteada, un año sí y al otro no”, comenta Gregorio Fernández, encontramos a otro personaje a tener en cuenta durante más de quince años. Nos referimos a Cristóbal Selma, el chófer del autobús que transportaba al coro desde verano para grabar en Sevilla hasta que llegaban las fechas navideñas.

El propietario de la empresa Selma, todo un clásico del transporte en Jerez, estuvo “casi veinte años llevando y trayendo al grupo. Manuel (Parrilla) me llamaba siempre porque además sabía que a mí me gustaba mucho ese rollo”.

“Cristóbal era alguien importante porque no solamente nos llevaba a Sevilla sino que luego se metía en el estudio y nos ayudaba con el tema de los cascos. Estaba dispuesto siempre a echarte una mano, y bueno, se sabía los villancicos como uno más”, advierte La Macanita.

Entre sus andanzas con “el coro de la Caja de Ahorros”, como él mismo denomina, se encuentran infinidad “de fiestas que se formaban cada vez que íbamos a los sitios. Yo iba con ellos por toda la provincia, porque después de sacar el disco siempre se hacían una serie de galas. Recuerdo una vez que viniendo de Algeciras paramos en una venta del compare de Parilla y allí estuvimos hasta las ocho de la mañana. El Nano formó una que no veas. Cosas así he vivido muchísimas”, continúa el chófer jerezano.

Al año siguiente, 1988, encontramos una novedad para el futuro dentro de la colección, incorporación a la dirección artística de José María Álvarez Beigbeder, una persona que durante años trabajará codo con codo con Parrilla y Juan Pedro Aladro, primero él.

El principal cambio en este volumen siete será la inclusión de nuevas voces en el ya denominado Coro de villancicos de la Caja de Ahorros de Jerez. Lo harán de forma momentánea, ya que suplirán a Fernando Torre y Tomás Torre ‘Torrito’, que volverán años después. Los tres nuevos integrantes serán José Méndez, Juañares y Chelo Pantoja, aunque en el disco se nombra como Consuelo Rodríguez. El resto del elenco seguirá intacto.

Al igual que ocurre en el cuarto disco, de nuevo desaparece la figura del artista invitado, dando pleno protagonismo al coro. Con prólogo de Caballero Bonald y portada de Pedro Carabante, varsios son los villancicos que destacarán en esta edición. Uno de ellos será el ‘Niño Chiquetito’ de Ángel Vargas, y otro ‘el Orillo, orillo’ que interpreta de manera espléndida La Macanita, sin olvidarnos de ‘Garbanzos Verdes’, ‘Que salga el toro’ y ‘Ya estamos en el mes de mayo’.

De aquella experiencia, José Méndez recuerda con cariño “los buenos ratos que pasábamos en pleno verano con los ensayos”. El cantaor ensalza la figura de Parrilla pues “fue él quien me llamó porque me conocía de mi tía, y desde que tenía 17 años me fue metiendo en festivales. Aprendí mucho con él y todos tenían gran respeto por todo lo que proponía. Hasta Moraíto, que siempre estaba de guasa, se cuadraba cuando Parrilla decía algo”.

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