Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Pie, bici, coche

Las aceras y pasos de cebra son para los peatones; pero el mayor abuso viaja a cuatro ruedas

Desde la mayoría de edad y hasta le fecha, con seis años de ínterin en la empresa, he tenido el privilegio de no separarme de la universidad. Muchas cosas han cambiado en ella estos tiempos. Pero si hay algún rasgo llamativo es que, en aquellos primeros ochenta de estudiante, en el campus no había casi bicis; apenas las de cuatro gatos testimoniales. Hoy, el éxito de los carriles bici y la sensatez que ha movido a su uso masivo hace que en los aparcamientos ad hoc haya cientos de velocípedos. La lucha de un reducido e irreductible grupo de creyentes nos ha servido a todos a quienes coger la bici para ir al trabajo y volver supone dos de los mejores ratos de la jornada. También imprescindible fue la reivindicación ilustrada -para el pueblo, pero sin que el pueblo lo reivindique-del carril bici por parte de un partido hoy fagocitado por Podemos, Izquierda Unida: al César rojo, lo que es del César rojo. Pero el uso general de la bici en la ciudad es, cómo no, un punto de fricción social, de controversia urbana. Algunos ciclistas prepotentes e ineducados frente a quienes, en el fondo, creen que lo natural es ir en coche (tengo para mí que cuanto más preponderante y abusivo es su uso, más subdesarrollado es el lugar). En medio, la mayoría normal.

Un ejemplo de abuso. Ayer lunes, una pareja emula a Katharine Ross y Paul Newman en Dos hombres y un destino mientras sonaba Raindrops Keep Fallin' On My Head: tardecita dorada de otoño; ella repantingada, sentada en el manillar, con sus piernas de eventual ariete, apoyada en el pecho de él, que conduce. Ruedan su amor por la acera. Un abuelo sale de una cafetería con su nieto, en babi. Las piernas de la chica topan, menos mal, al abuelo, y lo hacen caer; ella también cae. El hombre, aturdido, les recrimina, sólo constata lo obvio: "Esto es una acera". La pareja lo insulta sin argumentar: "Vete a tomar por culo, viejo". Se recomponen y se van, ensoberbecidos. No saquen las uñas, compañeros ciclistas: esto es un ejemplo excepcional. Pero no del todo, seamos claros.

Pasemos de un ejemplo a una sentencia. Un tribunal ha condenado a un ciclista a pagar los daños producidos a un coche al cruzar por un paso de cebra. No le adjudica el derecho de ir por lo que es para los peatones -Del latino pedonis, pie-. De cajón. A la gente no se le enseña con decálogos: eso lleva tiempo. Con sentencias, sí. Miremos la cara B, la de quienes de esto hacen un mundo, cuando si hay algo peligroso en la circulación son los coches. Seamos claros también en esto. Continuará, seguro.

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