Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
NADIE, ni siquiera los conservadores más recalcitrantes, deberían alegrarse por el calvario que está viviendo el PSOE. Aunque ni ellos mismos se den cuenta, esos conservadores que odian todo lo que huela a socialista también son en el fondo profundamente socialdemócratas, ya que se indignarían mucho si un día se anunciase que se iban a suprimir las pensiones de jubilación, la sanidad gratuita o los viajes del Imserso a Benidorm. Nos guste o no, la socialdemocracia forma parte del ADN europeo y no hay partido político que no sea de un modo u otro socialdemócrata, tal vez con la excepción de Podemos y sus sueños de una confusa utopía comunista en la que el materialismo dialéctico obre el milagro de los panes y los peces. Pero aparte de esos partidos al margen del sistema, todos los demás son de una forma u otra socialdemócratas. Aunque no lo sepan. O aunque no quieran reconocerlo.
Y ésa es, justamente, la causa de la irreparable decadencia del socialismo democrático en Europa. Si Marine Le Pen es más o menos socialdemócrata, y si Angela Merkel es también más o menos socialdemócrata, igual que lo son la derecha europea -y la española-, ya no tiene demasiado sentido votar a un partido que no se distingue en casi nada de los demás, y que además no puede aportar grandes aciertos en materia de gestión ni de ideas, ni mucho menos en cuanto al carisma de sus líderes. Los verdaderos socialdemócratas son gente más bien gris, poco amante de histerismos y de espectáculos en una época en la que todo el vasto mundo se ha convertido en un interminable plató de televisión. Y encima, la clase obrera que votaba a los partidos socialdemócratas ha ido desapareciendo a medida que se ha desintegrado la civilización industrial, que ha sido sustituida por la nueva civilización narcisista de los selfies y los amigos en Facebook. El mundo de la socialdemocracia era un mundo asentado en la memoria de las penalidades pasadas y sostenido por la fe en lo mucho que se había conseguido, pero la sociedad actual no tiene memoria ni tiene fe en nada que no sea un Smartphone, ni tampoco quiere mirar al pasado porque ya no es capaz de entenderlo (igual que no entiende el presente). Por eso resulta tan triste lo que le está pasando al PSOE. Si ahora doblan las campanas por la socialdemocracia, también están doblando por cada uno de nosotros.
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