Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, 31 de diciembre de 1946: Argudo, García-Figueras y Montenegro
PARECE sencillo. Sin embargo, preparar un huevo frito con patatas se puede convertir en una tarea prácticamente imposible. Hacerlo uno solo, sin la ayuda de nadie, es fácil. Prepararlo con la colaboración de un ayudante que haga las veces de pinche puede ser más fácil aún. Mientras uno pela las patatas, el otro casca los huevos. Y si contamos con el auxilio de una tercera persona, cabe la posibilidad de que la faena se agilice todavía más. Pero si pretendemos que cuarenta personas se metan en una cocina para freír un par de huevos con patatas, es probable que la operación acabe resultando desastrosa, ya que con tanta gente por medio no hay manera de preparar el almuerzo.
Y quien dice para freír unos huevos con patatas, para sacrificar un cochino en una matanza o para colgar las cortinas de un salón. A la hora de administrar la cosa pública ocurre exactamente igual. Aunque para gobernar no haga falta saber freír un huevo, el ejemplo anterior nos puede venir al pelo, porque ¿no da la impresión de que a veces hay en las administraciones demasiada gente encargada de realizar unas tareas que se gestionarían mejor si no hubiera tantas manos a la obra? Prueba de ello la tenemos en el caso de las trabajadoras de Jerez encargadas del servicio de ayuda a domicilio. He intentado enterarme de la razón por la cual no cobran su sueldo y, de verdad, me he quedado con la misma sensación que me quedaría después de leer una novela de Agatha Christie a la que hubieran arrancado la mitad de las páginas. Cuando le preguntan a la consejera de Bienestar Social por qué no cobran, ella se lava las manos y le pasa la pelota a la alcaldesa, que también se hace la sueca y pone por delante al delegado municipal de lo mismo (o sea, de Bienestar Social), que se sale por la tangente, y luego hablan de un interventor, cuando no del tesorero de no sé qué, y porque Alfonso XIII hace ya tiempo que se retiró de la política, que si no, lo mismo le endosaban su parte de responsabilidad en el impago de estos salarios.
Pero es lógico. El dinero que ganan estas empleadas proviene de lo que el gobierno autonómico destina a una consejería, que a su vez lo confía a un ayuntamiento, que lo deriva a la correspondiente delegación municipal para que esta lo ponga en manos de una empresa concesionaria, y así resulta que son tantas las personas que hay ocupadas en administrar el sueldo de estas pobres señoras que lo raro es que hayan cobrado alguna vez.
Pero en esto consiste el negocio. El día que la burocracia irrumpa en nuestras cocinas mientras intentamos freír un huevo, entre la aprobación del presupuesto para adquirir el aceite, los informes técnicos para comprobar si los huevos son frescos, la supervisión del proceso por parte del subdelegado territorial de frituras, la concesión de las ayudas al fregado de sartenes y el certificado correspondiente de la Consejería de Agricultura y Pesca, lo más seguro es que nos quedemos sin comer.
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