Tribuna de opinión
Adamuz: una mirada desde la ingeniería industrial a la seguridad ferroviaria
El Gobierno y la oposición recitaron el guion. Cada parte defendió sobre el accidente de Adamuz su verdad –sus verdades– y acabaron concluyendo, a grandes rasgos, que yo tengo la razón y tú, nanay. Fue lo normal. El Gobierno, encarnado ayer por el presidente después de las dos comparecencias parlamentarias del ministro, insistió en el aumento del gasto del ministerio, de Adif y de Renfe en materia de adquisiciones, obras, revisión y mantenimiento ferroviarios; afeó las falsedades de la oposición –“desinformaciones irresponsables” para “crispar”–; y asumió la depuración de altos cargos si lo determina la investigación en marcha sobre el accidente. “Si es procedente”, Sánchez pedirá “justicia por la tragedia”, mientras que la oposición pidió el ajusticiamiento de él y de su gabinete: los portavoces del PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, no se limitaron en reclamar la dimisión de Sánchez y de Óscar Puente sino que avisaron que acabarán “sentándose en el banquillo.
Pese a la previsibilidad del guion, no defraudó el primer debate entre Sánchez y Feijóo en el Congreso tras la pausa navideña. Ni un mes se ha cumplido desde la colisión de los dos trenes en la vía desollada de Adamuz. A la espera de las conclusiones de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios pero con 46 muertos, diez personas todavía hospitalizadas, una huelga ferroviaria suspendida y, sobre todo, con la confianza en los trenes hundida entre los españoles, el presidente del Gobierno subrayó la seguridad la estructura ferroviaria. “Es un sistema con incidencias significativas y con cosas que mejorar, pero es seguro”, insistió Sánchez durante una intervención en la que incidió en la idea de que el Gobierno no ha dejado de dedicar más y más dinero para comprar máquinas, reparar y mantener la red desde 2018. El discurso, datos e informes esgrimidos evocaron a los de Puente a lo largo de las últimas semanas.
Emitido el mensaje, reiterado el argumentario, el presidente exhibió el rostro responsable y asumió la posibilidad de los errores y la posibilidad de mejorar el sistema. “Cuando sepamos qué ha fallado pondremos en marcha las medidas necesarias para evitar que vuelva a ocurrir”. “Es probable que los protocolos no sean infalibles, que los estándares de calidad tengan que reforzarse, pero nuestro sistema no es decadente ni es inseguro, eso no es cierto”. Y “puede que sea un sistema con incidencias significativas y que haya cosas que mejorar, pero es un sistema seguro”, afirmó Sánchez para abanderar una respuesta al bajonazo entre los usuarios despierta lo que una vez llegó a ser un transporte seguro y puntual.
Se dirigió Sánchez a las víctimas del accidente al inicio: “Se hará justicia” después de conocerse las causas “si fuera necesario y procedente”. El clamor justiciero de Sánchez contrastó con las peticiones de ajusticiamiento por parte del PP y Vox, los pesos pesados de la oposición parlamentaria contra el Ejecutivo. Porque Feijóo no se quedó en el recurso de la solicitud de las renuncias en el Ejecutivo sino que fue más lejos. “La negligencia ha sido continuada y tuvo el resultado de la muerte –vino a decir el jefe de la oposición–, su gobierno se sentará en el banquillo también por esto”. La alcaldesa de Huelva del PP, Pilar Miranda, anunció que propondrá que el Ayuntamiento onubense –repleto de víctimas empadronadas– se persone como acusación popular en el proceso judicial por el accidente. La alcaldesa asistió ayer al debate en la Cámara.
Feijóo mostró un tono serio, aunque los datos y expedientes empleados fueron contestados por el presidente en la réplica. Lo previsto. “Ha comparado lo ocurrido en Adamuz con una anomalía y ha venido a decir que tenemos que acostumbrarnos a los accidentes. Lo que está de verdad planificado es su constante tomadura de pelo”, atacó Feijóo.
Más arriscado se mostró en la tribuna de oradores Abascal, quien dedicó una notable parte de su intervención a alertar de la inmigración –por las paguitas y por quitar el empleo al español, todo a la vez, el guion previsto– reclamó la dimisión y no se escondió en gritar a los cuatro vientos el justo ajusticiamiento: “Adamuz fue un crimen y espero que respondan en los tribunales, donde ya lo hemos denunciado”, dijo Abascal, a quien el presidente llamó “Torquemada” en repetidas ocasiones desde la tribuna de oradores. Con la Inquisición que ninguno tope.
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