Philippe Donnier. Etnomusicólogo

“Es un peligro que veamos el flamenco sólo desde una visión académica”

  • El especialista, que presenta hoy un libro infantil, investiga un nuevo análisis del arte jondo a través de las tecnologías

Etnomusicólogo, profesor de guitarra clásica e ingeniero físico, el francés afincado en Córdoba Philippe Donnier trabaja desde hace décadas en abrir nuevas líneas en el estudio del flamenco. Hoy presenta en la Bienal su libro El duende y el reloj, en el que le explica el arte jondo a los niños. Unos días antes, Donnier participó en el seminario La mirada de los otros cabales, organizado por el Centro de Estudios Andaluces. Allí mostró los avances que pueden conseguirse en el análisis del flamenco gracias a las nuevas tecnologías, pero también alertó de los riesgos que correría esa sociedad modernizada si da la espalda a la tradición oral.

–Usted fue uno de los principales defensores de la transición del flamenco al pentagrama, pero ahora ha matizado esa opinión...

–Sí. Ahora le veo otro peligro, porque soy cada vez más consciente de la idiosincrasia de la cultura tradicional, de la cultura oral, que antes se llamaba analfabeta. Hace mucho tiempo que me llamó la atención una frase de Bergamín, de un artículo que se llamaba Decadencia del analfabetismo. Yo quiero ahora luchar contra esa decadencia, porque son dos culturas complementarias que están al mismo nivel: ahí tenemos lo oral, aquí tenemos lo escrito. Y, por lo que sospecho, lo escrito es muy monodimensional, cuando la oralidad funciona en espacios pluridimensionales, que son espacios muy rápidos.

–Se dio cuenta de que existía otro tipo de inteligencia cuando llegó al Sacromonte con su diploma de ingeniero...

–Me encontré con gente que podía conmigo a nivel musical. Y yo, que venía con mi diploma de ingeniero, con mi diploma de listo, me negaba a aceptar que eran más listos que yo, pero eran más listos de una manera diferente. Y eso me pareció importantísimo. Hay una tendencia muy fuerte de un etnocentrismo cultural de la música clásica, que piensa que ellos tienen la clave para todo. Es un terreno de investigación todavía muy poco explorado. Yo he vivido lo que es tocar todos los días durante años, y te pasan cosas por la cabeza que no te pasan cuando estás leyendo una partitura. Es otra cosa. Hay un peligro enorme si encauzamos eso por la vía de los estudios académicos.

–Resulta curioso que diga eso alguien que publicó un libro titulado El duende tiene que ser matemático...

–Ese libro se publicó en el 85. Yo estaba en mi primera etapa, luchando contra el analfabetismo que huía de la cultura académica. Elegí ese título sabiendo que iba a ser polémico, y porque tenía un doble sentido: ese tiene que implica que el duende seguramente sabe de matemáticas, pero también que ha de ser matemático. Era un mero cómputo aritmético, pero era interesante. Muchas de las cosas que digo las apoyo totalmente todavía, tantos años después.

–En su faceta docente, supongo, será un profesor atípico.

–Ahora estoy en contradicción conmigo mismo, porque no tengo el modelo que me gustaría en la escuela de Bujalance donde estoy. He conseguido tener un cantaor, porque quiero que mis alumnos tengan la posibilidad de acompañar a un cantaor. La función social del flamenco no debería desaparecer. Habría que hacer un conservatorio de flamenco unificado, con el cante, con el toque, con el baile. Y yo, particularmente, estoy bastante frustrado porque no puedo enseñar como me gustaría.

–El seminario apuesta por acabar con las barreras entre la crítica musical y la crítica flamenca.

–Estamos viviendo un cambio cultural, de paradigma... Ya no se puede hacer crítica como hace años, sin tener ni idea de la música. Yo ofrecí, en el 89, una conferencia que precisamente se llamaba El flamenco es música, y me miraban como si estuviese endemoniado. Ahora, sí, estamos en una etapa de reflexión muy interesante.

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