Una vida dedicada al polo
Presidente de la Federación Española, embajador de la Internacional e impulsor del torneo de Sotogrande, José Ignacio Domecq fue un apasionado de este deporte
La figura de José Ignacio Domecq Fernández de Bobadilla -como la de toda familia- ha estado unida y vinculada al polo desde siempre, ya que fue el Marqués de Torresoto el introductor de este deporte en España a través de Jerez.
Roger Domecq recuerda que "el polo para mi padre fue su afición principal, que junto con la enología -que tuvo la tremenda suerte de que fuera su trabajo- y en un segundo plano la caza, fueron la pasión de su vida. Llegó a tener 4 goles de hándicap y jugó durante más de 40 años".
En esos años, además de organizar el torneo de polo de Sotogrande, fue embajador de la FIP (Federación Internacional de Polo), que sólo nombraba a un máximo de dos por país y por invitación.
José Ignacio Domecq se preciaba a menudo de haber jugado en 17 países distintos en los cinco continentes, donde aprovechó para pasear los vinos de Jerez, puesto que puso en marcha el Torneo de las Grandes Bodegas, donde se conjuntaban polo y criadores de vino en un torneo con gran ambiente donde los jugadores compartían los mejores caldos del mundo de los mejores zonas vinícolas del mundo.
Además, José Ignacio jugó en varias ocasiones en la selección española con Luis Valdés que durante mucho años fue el otro embajador de la FIP.
José Ignacio Domecq fue presidente de la Federación Española de Polo durante casi dos mandatos en los 80, período en el que mantuvo vivo el polo en Andalucía cuando sólo quedaba una cancha en toda la región tras la clausura de Chapín. El polista jerezano hizo un trabajo ímprobo para mantener los torneos de Sotogrande y durante su gestión se jugaba un polo del más alto nivel en Sotogrande con dos canchas desaparecidas ya como son la de la Playa, pegada a la misma arena, espectacular, y la de Paniagua, hoy convertida en una urbanización. Allí se jugaba el polo de más alto nivel de Europa junto con Cowdray o Guards. Las principales copas que se jugaban las patrocinaba Domecq, como la de Oro, de Carlos I o la de plata de Hiram Walker, con un hándicap de 22 goles por equipo y donde venían los principales jugadores de mundo.
En aquellos tiempos, José Ignacio Domecq hizo un esfuerzo impagable y muchos kilómetros de coche por la que todavía era una carretera de Los Barrios -de un solo carril e insufrible con tantos camiones circulando-, pero el esfuerzo valió la pena a la vista de lo que hoy supone Sotogrande para el polo europeo y mundial", sin duda todo un referente del deporte de la bocha.
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