Andreú Escrivà: "Los datos confirman que estamos en la sexta extinción

ambientólogo

Andreu Escrivà. / Kike Taberner

EL DIVULGADOR NO TAN OPTIMISTA. De entre todas las voces que hablan de medioambiente, la de Andreu Escrivà (Valencia, 1983) tenía fama de ser la más esperanzadora. Esa voz se ha matizado al profundizar en el asunto de la biodiversidad: uno de los grandes problemas que afrontamos como especie. En La Tierra no es tu planeta (Arpa), nos invita a recuperar las coordenadas para comprender qué significa habitar un planeta extraordinariamente singular.

–Ha decidido hablar de la importancia del engranaje: un tema poco común en la charla del medioambiente.

–De hecho, es que esa es mi formación académica. La vida de la divulgación te lleva por otros caminos cuando, curiosamente, el de la biodiversidad es un tema crucial sobre el que hay carencia informativa. Y es crucial porque hoy día tenemos una relación disfuncional con la naturaleza: urge cambiar esta relación porque, si no, vamos a ser incapaces de abordar nada.

–Nuestra época globalizada tiene a unas grandes protagonistas respecto a biodiversidad: las especies invasoras.

–Ejemplifican a la perfección los dilemas de nuestra relación con la naturaleza. Necesitamos entender cómo funciona la naturaleza, hacer duelos por especies y espacios naturales y desarrollar un enfoque capaz de sacar lo mejor de situaciones complicadas. Tenemos que ser capaces de encontrar un equilibrio entre la pulsión de conservación con la realidad de un cambio imparable. Es uno de los debates científicamente más complejos que hay. Socialmente, está muy infravalorado aunque su impacto económico es brutal.

La pulsión por parar es compartida por mucha gente"

–Una reflexión que produce el libro es en qué momento perdemos esta total fascinación por el mundo natural que tienen los niños.

–Yo abogo por recuperar esa capacidad de asombro que decía Rachael Carlson: la vida es una maravilla. Deberíamos emocionarnos al pensar lo singular que es un planeta con una vida tan rica y diversa, jamás aburrida. Pero tenemos una desconexión brutal con ella. Como estamos alejados de la vida (de lo natural) parece que no dependemos de nada, y eso es falso.

–Es muy dolorosa esa desconexión del entorno.

–El primer efecto que tiene, como decía, es que produce una ceguera brutal. Y el segundo es que nos roba lo que nos hace humanos, afectando incluso a nuestra salud: ¿de verdad creemos que podemos estar sanos en un planeta enfermo? Ni físicamente ni mentalmente. Nos estamos privando de un bienestar que es fundamental para nuestra especie.

–Afirmación desoladora: estamos ya en la sexta extinción.

–Es la triste respuesta a una de esas preguntas que nos tenemos que hacer, igual que hace diez años era sobre si existía o no el cambio climático, o si era antropogénico. Y está bien, porque no hay que dar por supuestas verdades incuestionables: lo cierto es que las tasas de extinción actuales son entre 100 y 1.000 veces superiores a la tasa de extinción de fondo, con lo que sí, hay suficientes datos como para confirmarlo. Es muy serio, aunque aún se puede revertir: el diagnóstico no nos tiene que llevar a la inacción. Hay programas de conservación que funcionan pero, para que lo hagan, no debemos hablar de parches sino de cambios sistémicos.

¿De verdad creemos que podemos estar sanos en un planeta enfermo?"

–Lo que nos lleva al elefante en la habitación: el parar la máquina.

–El decrecentismo entra dentro de ese tipo de propuestas que parecen muy alejadas del timón: pero la pulsión por parar es compartida por muchísima gente –a pesar de cuestiones que van en la dirección contraria, como la IA–. Parece que todo lo que hay que hacer en la vida es producir, pero no es así.

–Ocurre que parece que, como diría Orwell, unos animales van a decrecer más que otros.

–Claro, como te decía antes, la gente no está en contra del decrecimiento:ocurre que, dada la desigualdad actual, muchos tendrían que reducir muchísimo, y otros subirían su consumo. Se puede hablar de suficiente energía y alimentos disminuyendo lo que tenemos pero aumentando la calidad de vida de la inmensa mayoría de los que vivimos en el planeta. Actualmente, el 96% de los mamíferos terrestres somos, o humanos, o ganado. Hemos de asumir que, o se impugna el paradigma de crecimiento perpetuo, o toda conversación sobre naturaleza será sólo un parche.

–El tecnooptimismo, dice, es el disfraz “reluciente y metálico del negacionismo”.

–Mira, yo creía que eran dos cosas de las que no iba a escribir (negacionismo y tecnooptimismo) porque las ubicaba en el cambio climático. Pero hay, por supuesto, quien niega no sólo la sexta extinción, sino los problemas con las especies invasoras; o que no pasa nada si algunas especies más se extinguen, que ahí está la clonación... Sin darnos cuenta, por ejemplo de que una cosa es revivir a un puñado de ejemplares y otra, a una especie extinta, sin eliminar las causas que la extinguieron. Cosas como el semillero de Svalbard pueden darnos la impresión que tenemos un back-up.

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