Viernes de Feria

Menos calor, que no fresco

  • La Feria de noche se impone a la de día para evitar sofocos. La bajada de temperaturas ayer invita a adelantar unas horas la llegada al Real, aunque el lleno total se hizo esperar.

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ME disponía a salir de casa, a eso de las dos y algo de la tarde, en dirección a la Feria, lugar de peregrinación por quinto día consecutivo. Después de sufrir en las jornadas previas los rigores de la ola de calor sahariano, me había ataviado con ropa liviana: polito blanco de manga corta y pantalón beige. Estaba completando el ritual de acicalamiento y todo iba sobre ruedas, pero escuché algo en la radio y tuve que improvisar un plan 'b'. Quince o veinte minutos después, al fin salí de casa vestido con pantalón azul oscuro y más grueso que el beige y camisa azulina gordita de manga larga, remangá. De camino a la Feria, unos diez minutos andando desde casa, empecé a arrepentirme del cambio. Y ya dentro del Real, juré en hebreo que nunca más me fiaría de una información meteorológica de mi querida colega de la Ser Ana Huguet. Ana, eso no se hace. Si conocen a Anita, sabrán que un día de ventolera tiene que extremar las precauciones para no salir volando por las esquinas. Tonto de mí por no caer en la cuenta, aunque no fui el único que calló en la trampa, según pude comprobar después de compartir la anécdota con algún compañero mientras sudaba la gota gorda. . En su conexión de ayer en directo, Ana le dijo a sus compañeros que estaban en la emisora algo así como: "No os lo vais a creer después de lo que hemos pasado estos días, pero estoy en la sombra y me he tenido que poner una rebequita". Dicen que entre los hombres y las mujeres hay varios grados de diferencia en la temperatura corporal. Pero por muchos grados menos que tengan ellas, lo de la rebequita con 29 grados a la sombra, que dentro del González Hontoria son dos o tres grados más, sin duda que no es lo más aconsejable.

Cuando las cosas no tienen solución, lo mejor es pasar página. Y eso hice, mientras me daba una vuelta por el Real para coger ideas que contarles en esta crónica. Viernes de Feria, día grande donde los haya y algo menos caluroso -que no fresquito- que los anteriores, especialmente el miércoles y el jueves, en los que cayeron llamas de punta. Por lo demás, un poco más de lo mismo, es decir, algo más de gente dando tumbos arriba y abajo viendo el paseo de caballistas y enganches; y mogollón de gente bebiendo y comiendo en las casetas, a la sombra.

Me consta que desde el miércoles y hasta el sábado hay casetas que tienen todo reservado para la comida. Y coger mesa ayer, sin reserva previa, con vistas a los paseos principales fue aventura imposible de la que sacaron tajada las casetas de segunda línea de la 'playa' del Hontoria. Queda por delante un largo fin de semana, pero según cuentan los caseteros, la Feria ha estado flojita de día y algo más movida de noche. Está claro que las altas temperaturas de los últimos días han persuadido al personal, que retrasa su llegada al Hontoria hasta convertirlo en costumbre. Eso explica, digo yo, que ayer se hiciera rogar el lleno total, que llegó con los últimos rayos de sol ya ocultándose. Para saber lo que pasó después tendrán que esperar hasta mañana. Y disfruten de lo que queda de Feria, de la Feria de día o de la Feria de noche, como más gusten.

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