Feria de Jerez

Lo primero es negar la Feria

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Muchos de los que acuden a la Feria del Caballo antes del encendido o en sus primeras jornadas empiezan por negarla: "Yo no tenía que estar aquí. Conste que he venido por casualidad, porque si por mí fuese, estaría en mi casa, pero como la peña se ha empeñado en quedar tan pronto para comer…". "Yo curro hasta el miércoles y ni pensaba venir hoy. Es más, en media hora quiero estar de vuelta… Me tomo ésta y me largo". La mayoría la niega incluso creyendo lo que dice a pies juntillas. Aunque cuatro horas más tarde, todos estarán bailando el 'crusaíto' con el vaso atornillado a la palma de la mano, porque nada importa más que la apariencia, hasta cierto punto.

Frente a los que van por derecho, este año las pesimistas previsiones económicas apuntan a un considerable aumento del consumo de pimientos y tortillas y a una mayor presencia de los que van de 'pescüesi': personal capaz de abrazarse a auténticos desconocidos a fin de llenar la copa de vino por la bonita cara. Los más aventajados sólo prueban el jamón y las gambas bajo pretexto de que no tienen mucha hambre. Suelen pasar de la berza y el plato de arroz. De hecho, rara vez le hincan el diente a un montadito. Por qué no decirlo, tienen un don natural para que no les falte el güisqui a la hora señalada. Su habilidad está en huir de debates que se suelen plantear en estos días: "¿Pedimos de comer? ¿Quién va a pedir? ¿Nos quedamos aquí o buscamos una caseta más tranquila? El experto, jamás discute sobre estos asuntos.

El gorrón está siempre en la mente de los caseteros y lo pagamos todos. Cuando se cobra diez euros por una jarra de rebujito, por tanto, está más que justificado. Hay que sumar lo que se paga por explotar la caseta, el coste del montaje, el personal, la materia prima y lo que se bebe y come el gorrón.

En cambio, una caseta gestionada por sus titulares --esto hoy en día es casi la excepción en el González Hontoria- que cuente con detector de gorrones podría cobrar 5 euros por jarra y obtener el mismo rendimiento. Ahora bien, si hay que pagar de entrada 24.000 euros por llevar un par de módulos en los paseos principales a alguien le tocará pagarlo, ¿no?

A no ser que usted practique la caza del langostino con pértiga, olvídese de salir con dinero del Real. Para abandonar el González Hontoria con la misma pasta que tenía en el bolsillo al pisar el albero convénzase: hay que ser un auténtico profesional.

Observe con atención porque junto a su lado contemplará a lo largo de esta semana a un cualquiera con corbata de seda exigiendo al camarero que preste atención a su voz: "Dos jarras de rebujito, una de cerveza, una fuente de langostinos, presa ibérica, jamón, revuelto de la casa, queso...". Ni la tortilla ni los pimientos forman parte de su menú.

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