Festival de Jerez

Danzad, danzad malditos

  • Estévez y Paños vuelven a sorprender con ‘Sonata’, una obra de bellísima factura en la que emplean el universo musical del padre Soler como vehículo para defender el conjunto de disciplinas que integran la danza española

Es un empeño quijotesco el de Estévez y Paños por airear el noble, pero ruinoso, edificio de la danza española. Vivimos tiempos lúgubres para el arte y para casi todo lo que huela a verdad, a ritual sagrado. Por eso, cuando aparecen maravillas como Sonata uno no tiene más remedio que plegarse y seguir preservando su fe en que todo puede cambiar. La esperanza de que siguen quedando artesanos capaces de mostrar una incesante transformación de lo vivido, de lo ya creado y recreado, como única posibilidad viable de sobrevivir. El trabajo de Dospormedio, un milagro de compañía estable multidisciplinar, es necesario ahora más que nunca. Lo era antes, cuando construyeron obras tan memorables como Muñecas. Y lo es ahora, cuando han encontrado al fin el reconocimiento siendo partícipes de proyectos tan ambiciosos como el de Flamenco hoy, rubricado hace ahora un año por el pope Carlos Saura.

En esta nueva y singular experiencia coreográfica que presentaron anoche en el Festival de Jerez, una suerte de poemario escrito bajo el barroquismo de las sonatas del padre Soler, Estévez y Paños conforman un retablo estilizado en el que se equipara la abandonada y abstinente vida monacal -la que podía llevar hace un par de siglos, por ejemplo, un sacerdote de la Órden religiosa de San Jerónimo como Antonio Soler- con la sacrificada y disciplinada vida de entrega a la danza que soportan sobre sus espaldas los doce bailarines que ponen cuerpo al espectáculo.

En este trabajo, donde siempre prevalece y sobresale lo colectivo frente a lo individual -aunque también hay espacio para el lucimiento personal-, las distintas disciplinas dancísticas fluyen con habilidad pasmosa: lo mismo hay un pas de deux bolero de Paños y Olmo, que hay un movimiento coral por bulerías acompasadas; o surge, de súbito, un elástico Antonio Ruz contemporáneo y vanguardista. Hay un momento en el que Estévez reparte bendiciones y otro en el que un grupo de bailarines desciende a un insuperable Rubén Olmo del Gólgota. El contexto sacro que inspiran las notas profanas de Soler sirve también de soporte para un discurso secular, como los juegos de seducción protagonizados por el abanico de una etérea Rosana Romero o los tanguillos livianos que compone la compañía a base de repiques y zapateados en el tramo final de la obra. Ni siquiera la linealidad musical de la propuesta, compuesta exclusivamente por el exquisito y sobrio piano de Edith Peña, o su arriesgada duración, casi dos horas, rebajan la tensión y el ritmo.

Menos zapateado y más silencio plantea Rafa Estévez. La belleza del silencio. De nuevo la conexión con el refugio conventual de Soler. Repetición, ritmo, silencio. Coreografías vigorosas contra pasos ralentizados. Estampas daguerrotípicas, fotos-fijas, frente a imágenes en bello movimiento. Fouettés vertiginosos frente a folklore en forma de jota. Acrobáticos entrechats de un formidable Nani Paños contra giros de muñecas y braceos supersónicos de un sobreexcitado Estévez. Todo con sentido, todo contenido y sin concesiones. Con maestría.

Las criaturas alienadas se mueven sonámbulas por espacios no cartografiados; de nuevo hay esa visión del artista robótico, ese tono sarcástico y ácido que siempre destila Dospormedio en sus espectáculos. Como si quisieran reprobar a tanto atleta de la danza con demasiada fibra y escasa capacidad de emoción. En Sonata, no hay duda, su ardua labor de investigación sobre las huellas del pasado ha vuelto a dar generosos frutos. El espíritu manierista de la compañía se funde, mediante el empleo de la luz y el color de un vestuario delicioso, para lograr la vidriera de una catedral barroca. Un elemento de bellísima factura que tamiza la luz de lo que verdaderamente quieren exponer en escena. La danza no ha muerto. Seguid danzando, malditos.

Dospormedio Compañía. Dirección, idea original y coreografía: Rafael Estévez y Nani Paños. Bailarines y coreógrafos invitados: Antonio Ruz, Rubén Olmo. Música: Padre Antonio Soler. Piano: Edith Peña. Selección de repertorio: Estévez, Paños y Edith Peña. Bailarines: Rafael Estévez, Nani Paños, Antonio Ruz, Rubén Olmo, Rosana Romero, Álvaro Paños, Raquel Lamadrid, Eduardo Leal, Carmen Manzanera, Andoitz Ruibal, Ana Agraz, Sergio Bernal. Repetidores: Álvaro Paños y Rosana Romero. Diseño de iluminación: Antonio Valiente y Dospormedio. Diseño de vestuario: Dospormedio. Realización de vestuario: Andrea Segao, Carmen Granell, Papa Gálvez. Regiduría: Mayte Prieto. Sastrería: Carmen Granell. Día: 11 de marzo. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Lleno.

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