El duende sin atajos
XXX Festival de Jerez
Leonor Leal y David Lagos, acompañados por la guitarra de Manuel Valencia, han presentado en el 30º Festival de Jerez Martinicos le di a mi cuerpo, una obra de exploración conjunta sobre Lorca y el duende
José Maya, el expresionismo hecho baile
Podrían haber cogido por el camino fácil, buscar al duende por los recovecos de rápido acceso y tocando aquellas fórmulas que todos sabemos que funcionan. Pero no, Leonor Leal y David Lagos han optado por una búsqueda menos evidente pero más honesta e inesperada. Conociendo la trayectoria de ambos, no es de extrañar en absoluto, pero la conjunción de esta búsqueda lorquiana ha resultado ser brillante, una mezcla minimalista y sutil pero con un amplio repertorio de detalles, sonidos y giros inesperados que han terminado por encontrar al martinico. Así se conocen a los duendes (los mágicos, los que vienen a traer los sueños) en algunos lugares del norte de España.
Martinicos le di a mi cuerpo es un espectáculo que surge a partir de la exposición En el aire conmovido, comisariada por el pensador e historiador francés Georges Didi-Huberman, una coproducción que ha sido expuesta en el Reina Sofía de Madrid y en el CCCB de Barcelona. El Festival Grec pidió a los artistas jerezanos que dieran respuesta a esta muestra sobre Lorca, una suerte de conversación interdisciplinar. Cada artista realizó una intervención, Leonor desde el cuerpo, David desde la voz, y ahora lo que han presentado son las respuesta unidas en una sola propuesta.
Decía David Lagos días previos al estreno absoluto de esta pieza que “la palabra duende le resultaba manida”, y que por eso había optado por usar martinicos. Esta huida de lo manido se ha visto también reflejado en la propuesta escénica. Por su parte, Leonor Leal compartía que era necesario “bajar el duende al cuerpo”, soltar la idea del duende como algo etéreo y encontrarlo a través del propio cuerpo, y es que como dice la artista “se baila con los riñones”, por lo que había que ponerle forma corpórea a este duende ensoñado.
En Martinicos le di a mi cuerpo nos encontramos con un espectáculo multi-instrumental, un vendaval sonoro, como dice aquel verso de Hernández. Los vientos de Juan Jiménz, con saxofones y cuerno animal; las percusiones de Antonio Moreno, con cascabeles y platillos, o la guitarra siempre acertada y profunda de Manuel Valencia. Leonor Leal supo cómo encarnar el duende a través de su baile, con su distinguido sello personal y elegancia que la caracterizan. Qué lugar tan honesto y único ha encontrado en el baile, con esa mezcla que emana de presencia y curiosidad. Se percibe su búsqueda, la conexión que traza con el espacio y con el aire del propio espectáculo. David Lagos portentoso, llevándonos por los sonidos negros de Lorca a través de su obra y también de otros poetas como Miguel Hernandez o José Bergamín. El cante de Lagos, tan limpio y abisal, fue dejando momentos sublimes, especialmente en la seguiriya, que sé será recordada por mucho.
La obra tiene el regusto de la sencillez, es minimalista pero en absoluto está vacía. La sensación final es de haber asistido a una pequeña obra maestra, de haber cogido caminos y veredas, vías secundarias de las que te sorprenden con un campo de flores o una ruina en mitad del valle. No hay pérdida ni retroceso, solo caminos por los que Leal y Lagos van echando miguitas al duende.
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