Madera de Olga Pericet

La Materia es el segundo capítulo de la trilogía que la bailaora inició con La Leona y que culminará con La Invencible, una propuesta co-creada junto al Premio Nacional de Danza Daniel Abreu

Un momento del espectáculo de Olga Pericet, anoche en el Teatro Villamarta. / Manuel Aranda
Valeria Reyes Soto

23 de febrero 2026 - 04:40

Hace mucho tiempo que alguien vería en Olga Pericet “madera de artista”. Seguro que sus maestros presintieron su futuro, su cualidad innata y talento para la expresión corporal, para la danza y la escena. Tener madera es una condición que funciona a modo de presagio, como una intuición que ha de cumplirse en el futuro. A lo largo de su trayectoria, Olga Pericet ha pasado de tenerla a convertirse.

La bailaora ha trabajado en esta madera, la de la guitarra, y con una gubia ha tallado su propia forma. No ha hecho un espectáculo sobre la guitarra, más bien ha querido meterse dentro de ella. Inspirada por las guitarras del luthier Antonio de Torres (Almería 1817-1892), considerado el padre de la guitarra española moderna, Pericet realiza una aproximación al instrumento desde su propia composición, no tanto desde su musicalidad. No es la primera vez que la artista se adentra en el universo natural. En otros tiempos fueron flores, ahora es la madera. El mundo vegetal presente en su imaginario.

La materia se abre con tablones de madera que hacen de sostén para la artista, que recuerdan también a esos escenarios efímeros, tablaos callejeros. En la escena, dos premios nacionales de danza: Olga Pericet y Daniel Abreu. El coreógrafo, que ha participado también en la dirección escénica, lleva al espectáculo a un lenguaje más contemporáneo que flamenco. Los dos juntos forman un tándem que funciona a la perfección. Ella consigue despertar en él ciertos aires flamencos; ella se despliega en su versión más intérprete y etérea. Cuando el bajo de Juanfe Pérez comienza a sonar, Daniel toca el cuerpo de Olga convertido en guitarra. El baile de Olga Pericet despliega un enorme abanico de recursos. No es tan flamenco como en anteriores montajes, pero de muchas maneras este espíritu palpita en cada uno de sus movimientos.

Abreu interpreta una coreografía con dos guitarras que parecen mecerlo, las eleva como hélices implorando una ascensión. Los dos bailarines se van dejando llevar y en algún momento parecen vivir un enamoramiento fugaz. Olga Pericet se convierte en guitarra de múltiples maneras, también atravesada por el mástil que la sujeta por la espalda, y sus pelos se convierten en las cuerdas y su cuerpo en la caja de resonancia. Juegan con un mantón y hay un guiño a su etapa anterior, a la leona que precedió a la materia.

La guitarra de José Manuel León y la percusión deJavier Rabadán, sumado al diseño de sonido de Ángel Olalla, otorgan a la propuesta un paisaje sonoro sobrio y punzante. La iluminación, firmada por Alfredo Díez, transita por el claroscuro en la mayor parte del espectáculo. En un momento, cuando intuyo que quizás sea monótona en exceso, empieza el festín lumínico y la escena pasa a ser una fiesta electro-flamenca. Olga Pericet rodea el escenario con pies de micro, pero elige alejarse de este foco mediático y desde un micrófono periférico comienza a sonar la primera voz de todo el espectáculo, que es la de ella. Una sucesión de arsa que toma ole con reverberación, con ondas sonoras expandiéndose por el espacio y luces palpitantes y distorsionadas.

La materia se diluye y pasa de ser rígida a ser líquida, empieza a convertirse en agua y en aire. La materia es también fuego abrasador. Olga Pericet se expande y se muestra flamenca desde su propio lenguaje. Decide que su tiempo ahora es ese, pasa de puntillas por los cánones y se muestra segura en esta transformación. La propuesta de Daniel Abreu suma al espectáculo lo que Olga Pericet parece reclamar.

Por momentos el leitmotiv se me escapa, y está bien que así sea. Más que pretexto veo una indagación estética y corporal por la materia. Veo a una Olga Pericet distinta y me encanta su versión distorsionada e irónica, su arsa que toma ole dicho a su manera. Veo el juego de dos creadores explorando su propia materia, la visible y la invisible.

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