“Me ilusiona que Álvaro Domecq pueda volver a disfrutar de su escuela”

Ignacio Rambla | Jinete de la Real Escuela de Arte Ecuestre

El jerezano, uno de las pocas personas que coincidieron con Álvaro Domecq en la anterior etapa, habla del regreso del fundado de la Escuela y de su aportación en esta nueva andadura

Álvaro Domecq, ejecutando un paso español, bajo la atenta mirada de Ignacio Rambla.
Fran Pereira

01 de junio 2019 - 21:32

La vuelta de Álvaro Domecq a la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre ha supuesto para Ignacio Rambla (Jerez, 1964), uno de los jinetes más antiguos de la institución, “la vuelta de un padre”. La presencia del fundador de la escuela en el Recreo de las Cadenas es “un aliciente, al menos para mí” y no oculta su satisfacción por revivir “los buenos momentos que hemos pasado aquí con él”.

–Supongo que para usted el regreso de Álvaro Domecq será como un déjà vu....

–Fíjate. Ahora mismo, de las personas que trabajamos a diario con los caballos, somos cinco los que coincidimos con Álvaro en su anterior etapa. Somos tres jinetes, Manolo Ruiz, José Gutiérrez y yo, y dos mozos, Diego Aguilar y Paco Postigo. En mi caso y el de José Gutiérrez nuestra relación con él viene de antes, porque nuestros padres trabajaban y vivieron en La Espléndida, ahí en El Paquete. Los dos, junto con Diego Aguilar, porque su padre también estuvo en los inicios de la Escuela, hemos mamado de esa teta, por eso, tenerlo de nuevo es algo muy grande. Para mí Álvaro ha sido mi maestro y mi padre.

–Mis informaciones le sitúan como uno de los instigadores de la vuelta de Álvaro Domecq. Sea franco, ¿fue así o son habladurías?

–Un día coincidí con Ana Mestre en el Camino del Rocío, nos presentaron y me preguntó cómo estaba la Escuela. Eso fue antes de conocerse quién iba a coger cada consejería, pero me insistió en que, como jerezana, quería saber mi punto de vista. Estuvimos charlando, me escuchó y le hice una petición, la vuelta de Álvaro Domecq a la Real Escuela. Sinceramente no pensé que esa petición fuese a seguir adelante, pero afortunadamente, al tiempo, convocaron a Álvaro para reunirse con Juan Marín y Manuel Alejandro Cardenete, que estaban al frente de Turismo. Hablaron con Álvaro y bueno aquí está. Para mí, como he dicho, es un orgullo y una satisfacción que haya vuelto. Creo que era una deuda que Jerez y la Real Escuela tenía con él. También quiero agradecer, y ahora tengo esa oportunidad, la predisposición de la señora Ana Mestre, que recogió mi propuesta.

–Dentro de esa pequeña ciudad dentro de otra ciudad que es la Real Escuela, ¿cómo se ha acogido su vuelta? Porque como en todo en la vida, habrá mucha gente encantada, pero otra a lo mejor no tanto...

–Bueno, yo te puedo hablar por mí, lo que piensen otros no lo sé. Sé de alguno que a mí personalmente me han transmitido su satisfacción por su regreso, pero del resto no sé, somos muchos trabajando aquí. En mi caso, sólo sé que el tiempo que esté con nosotros quiero que disfrute en su escuela porque gracias a él, soy lo que soy. Yo llegué a la escuela con 14 años y tengo 55. Luego, a nivel externo, creo que la acogida ha sido impresionante, he tenido llamadas desde todas partes del mundo para hablarme de eso.

–¿Qué es lo que más ilusión le hace de tenerle al mando técnico?

–Si te digo la verdad, desde que ha llegado, una de las cosas que más satisfacción me da es que monte los caballos que yo he domado. Todas las mañanas me pide un caballo, se lo preparo y lo monta. Que el maestro se suba a lomos del caballo que ha domado el alumno es algo muy grande.

–Volvamos a 1996, cuando usted se enteró de la marcha de Álvaro de la Real Escuela, ¿cómo fue aquello?

–Fue duro, porque él lo era todo en la Real Escuela y como he dicho, era mi maestro. Además, a mí me cogió fuera preparando la Olimpiada de Atlanta. Cuando se marchó le escribí una carta diciéndole que me había dejado huérfano. Al cabo de los años me di cuenta que lo único que había hecho era luchar por todos nosotros. En mi caso incluso fue más duro porque me ofrecieron la dirección técnica, que entonces la ocupaba él. Yo era adjunto, y lo primero que hice, fue buscarle con José Gutiérrez, porque además se había roto la pierna y estaba en su casa, y le pregunté qué opinaba sobre eso. Me dijo que sí, y recuerdo que le contesté: ‘Cogeré las riendas, pero que sepa que estaré guardando su sillón’. Por eso digo que su momento, como todo en la vida, tenía que llegar.

–Profesionalmente, ¿qué implica la vuelta de Álvaro Domecq?

–Sobre todo respeto y la aportación de una entidad, porque se quiera o no Don Álvaro es un personaje, para los que lo conocen y para los que no lo conocen. Es una persona con una historia detrás, y además el fundador de todo esto. Desde que llegó, estamos a su entera disposición.

–Conociéndole como le conoce, ¿habrá cambios a corto plazo?

–Bueno, eso es algo que se debe concretar desde la nueva gerencia con DonJorge Ramos. Será él quien señale la línea a seguir, con sus ideas y sus intenciones. No obstante, como él dijo el primer día, contar con Álvaro es una tranquilidad. La Escuela es una institución muy importante a todos los niveles.

–¿Cree que se ha perdido prestigio en los últimos años?

–No sé si lo ha perdido o ha tenido otro rumbo. Ha habido muchos cambios de dirección, entonces, cada persona viene con unos ideales diferentes. No te diría ni mejor ni peor, pero sí diferente, también porque la sociedad ha cambiado. Lo que sí está claro es que si se le puede dar una vuelta de tuerca para que esto, por el bien de Jerez, Andalucía y España, funcione, hay que dárselo, y creo que la vuelta de Álvaro Domecq a su escuela es la mejor excusa, porque además, con él se va a encender esa llama de mucha gente, al menos a mí me motiva.

–¿Por qué no ha habido una continuidad, al menos al nivel de Jerez, a lo que se hizo en Atlanta?

–No lo sé, es algo que habría que analizar en profunidad. De todos modos, esto va como las canteras en el fútbol, tanto a nivel de jinetes como de caballos. Nosotros nos hemos abastecido de los caballos de la Yeguada Militar, los contratos han cambiado, las formas han cambiado, nuestra yeguada se llevaba de una manera y ahora se lleva de otra...Lo que hay que ver es lo que se necesita para tener lo mejor. Y para eso hay que tener el mejor caballo para una vaquera, el mejor caballo para unos pilares, el mejor caballo para un paso de cuatro o una fantasía, para un carrusel, para un salto de escuela... Y si además tenemos un caballo bueno para competir, mejor que mejor. Nosotros tenemos una ganadería propia y somos los verdaderos probadores de los caballos que van a salir a la pista o competir.

–(...)

–Mira, el caballo ‘Evento’ era un caballo incómodo para el espectáculo, y había otro caballo llamado ‘Torbellino’ que se domó a la vez, y era justo lo contrario. Lo que intentábamos era encajar a cada caballo en su mejor disciplina, llámese en los pilares, en Atlanta, Atenas, Sidney o Londres. ¿Por qué? Porque nuestra raza es la mejor y la que es capaz de hacer casi todo.

–Evento fue ese ejemplar que sale cada ciertas décadas...

–Bueno, creo que hay otros con buenas cualidades, no te voy a decir mejor por respeto a Evento. Después de Evento tuve un caballo de Álvaro Domecq llamado ‘Granadero’, que aunque era mayor, lo saqué en Jerez 2002 y era impresionante. Rafael tuvo también a ‘Flamenco’, que junto a Evento fue el primer caballo en hacer sonar el himno español.

–¿Y ahora, hay alguno que le motive especialmente?

–Bueno, tengo caballos buenos, sobre todo uno llamado Lezko. Lo cogí hace unos meses y ahora mismo está empezando con los espectáculos. Debutó en Burdeos cuando salimos recientemente con la Escuela y me gustó mucho. Aún es pronto, pero me dio buenas sensaciones, lo que no sé si será para doma o espectáculo. Evidentemente, aquellas sensaciones que tuve en Atlanta con Evento no las he vuelto a tener, pero aún es pronto. Yo personalmente, cada día que monto, monto con la idea de encontrarme un caballo nuevo, un algo, no sólo para el deporte, sino también para la escuela.

–¿Qué ha aprendido del caballo como especie?

–He aprendido a comprender cómo se expresan, y sobre todo escucharlo para saber dónde se sienten mejor.

–Usted lleva ligado al caballo desde pequeño. ¿Ve a las nuevas generaciones con la misma inquietud y ganas que tenía cuando empezó?

–Los jóvenes vienen con muchísima afición e ilusión, lo que sí pasa es que en el mundo del caballo, como en otras disciplinas de la vida, hay que volver al pasado, coger las cosas buenas y ponerlas en marcha. Decirle a un alumno cómo se limpia un caballo y cómo se monta y no cómo me exhibo con un caballo.

–O sea que es bueno cambiar ciertas cosas...

–Sí, por el bien del mundo ecuestre hay que rectificar muchas cosas, y hacer cosas todavía mejores de las que se han hecho. Lo importante es que la afición no se ha perdido, viene gente detrás.

–¿Por qué Jerez nunca ha sabido rentabilizar la industria del caballo?

–Creo que ese debe ser uno de los objetivos de esta ciudad en el ámbito del caballo. Sinceramente, no sé qué falla, pero es algo que debería analizarse, por lo menos a nivel empresarial.

–Porque recientemente la ciudad ha sido capital europea del caballo y no ha servido de nada...

–Sí, es cierto, acabó en diciembre y eso ha pasado como si nada. Con Jerez 2002 ocurrió lo mismo, por eso creo que habría que despertar de una vez.

Ignacio Rambla y Álvaro Domecq, en Nueva York.

Un cruce de caminos desde los 14 años

Las vidas de Ignacio Rambla y su maestro Álvaro Domecq han ido siempre de la mano, hasta el punto que el primero lleva a gala todo el conocimiento adquirido del fundador de la Real Escuela. Ambos han compartido experiencias dentro del mundo del caballo por todo el mundo. Estas imágenes, guardadas con cariño por Rambla, pertenecen (izquierda) al paso de ambos por Nueva York “cuando apenas tenía 14 años”, y una de las galas realizadas en la Real Escuela en el año 1984. “Yo tenía 20 años, y es una foto que guardo con cariño, y que refleja mi admiración por Álvaro Domecq”, asegura el jinete.

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