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Víctor J. Vázquez
Lo que mueve un cuerpo
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La declaración de la ex alcaldesa Pilar Sánchez abrió ayer los primeros interrogatorios del ‘caso de los asesores’ en la Audiencia Provincial en una jornada que a nadie dejó indiferente. El juicio se desarrollará finalmente en cinco o seis vistas después de que la sala decidiera iniciarlo tras descartar las cuestiones previas presentadas por las defensas el pasado lunes, con las que los abogados buscaban el sobreseimiento del proceso y la libre absolución de los siete acusados. Todos los acusados, excepto el técnico del Serjil (Servicio Jerezano de Inserción Laboral), renunciaron a responder las preguntas que le realizara la acusación popular fomentada por Pedro Pacheco, “más que nada para no seguirle el juego a este señor”, destacaron algunos abogados en un receso.
Pilar Sánchez, que declaró ante el tribunal a partir de las 12,20 horas de ayer, estuvo una hora en el estrado y allí aseguró conocer de primera mano, “aunque no como amigos ni como conocidos”, a los dos altos asesores que junto a ella se sentaban en el banquillo: Francisco Gil y Rosario Cano. Por el contrario, negó “relación personal o de amistad” con las tres personas que accedieron a cargos menores, aunque posteriormente algunas de ellas ‘prosperasen’ en el Gobierno de la alcaldesa socialista, caso de África Becerra (que llegó a ser concejal delegada), o los casos de Dolores Caravaca y Rubén Pérez. De Becerra digo conocerla de ser “una militante activa e hija de un histórico militante” enfrentado a la Ejecutiva de entonces y de Caravaca que “alguien le comentó” su entrada en el Ayuntamiento, así como que no era una militante significada “aunque gran conocedora del la red asociativa de la ciudad”.
Sánchez no escatimó a la hora de definir las grandes cualidades para las altas representaciones de que disponían tanto Rosario Cano como Francisco Gil, personas a las que conoció durante el ejercicio de cargos en la Administración educativa de la Junta. De Gil encumbró el hecho de que hubiera sido concejal, que asumiera cargos complicados en Educación, que fue un “gran conocedor del funcionamiento de las administraciones”, así como la labor de coordinación que desarrolló en Jerez, Costa Noroeste y Sierra, además de asumir la gestión de las obras en los centros educativos. De Rosario Cano, nombrada también en marzo de 2005 y que fue coordinadora general de Alcaldía, destacó que “era funcionaria, no una desempleada”, que tiene “una gran capacidad para dirigir proyectos”, que siempre estuvo en algunos de los equipos directivos de los centros en los que trabajó como profesora de instituto, así como su labor en la Oficina de Educación, donde era coordinadora. “Yo necesitaba alguien que ordenara temas en una Alcaldía con cuatro Secretarías. Ella pedía informes y estaba en relación con otras administraciones”.
“Siempre era la primera en entrar en el Ayuntamiento y la última en salir. Hizo un gran trabajo”, dijo Pilar Sánchez.
La contundencia de estas primeras impresiones se debilitó en el caso de los preseleccionados por el Serjil, donde la ex alcaldesa se desvinculó de cualquier mediación suya para que fueran contratados. Sobre la contratación de África Becerra por parte del Ayuntamiento como técnico de Medio Ambiente, la ex alcaldesa dijo que el puesto lo solicitó la referida delegación con una petición a través del departamento de Personal, así como que ella no intervino ni en la elaboración del perfil que se debía remitir a la agencia de contratación Serjil. “No intervine y es más, no habría tenido posibilidad de hacerlo. Jamás hablé con técnico alguno del Serjil”. Es más, la ex regidora llegó a señalar como defensa que África Becerra provenía de sensibilidades distintas del PSOE (de otra familia distinta a la suya dentro del siempre polémico socialismo jerezano). Eso bien, ella no firmó su contrato, sino que lo hizo el director por entonces de Promoción y Desarrollo de la Ciudad, José Enrique Agüera. Sobre el delineante que se sienta en el banquillo, Rubén Pérez, la ex alcaldesa llegó a señalar que cuando se enteró que había entrado en el departamento de Infraestructuras del Ayuntamiento a través del Serjil “no me gustó, pero no tenía nada que objetar”. Al parecer era habitual que el joven la liara en las asambleas locales del PSOE al grito de “Salud y República”. Él posteriormente lo negó.
Sobre Dolores Caravaca señaló que no participó en su contratación como agente de dinamización social y que al igual que en el caso de África Becerra, el órgano que pidió el puesto fue la delegación municipal y no ella, en este caso Participación Ciudadana. Sí destacó Pilar Sánchez que el perfil de Dolores Caravaca era el de una mujer muy vinculada al tejido asociativo de la ciudad.
¿Cómo se fraguaban estos contratos? Pues básicamente, el Serjil preseleccionaba a los candidatos, la delegación municipal en cuestión elegía el candidato ideal y la alcaldesa firmaba los contratos. Lo que intenta demostrar Pacheco es que las personas que firmaron en el Serjil reunían menos méritos que otros candidatos apuntados mucho antes al servicio municipal de contratación, con el conocimiento de la ex regidora. “Los firmaba siempre y cuando vinieran con el visto bueno del secretario general y del interventor”, señaló. En varias ocasiones su abogado, Juan Pedro Cosano, le interrogó: “¿Alguien le advirtió en algún momento de que pudiera haber una ilegalidad?”. La respuesta fue siempre la misma: “No”.
Del resto de declaraciones, cabe destacar que África Becerra (con estudios concluidos de ingeniera técnico naval) defendió en todo momento su amplio curriculum en formación medioambiental, lo que motivó que su perfil se adecuara al solicitado por la delegación municipal de Medio Ambiente al Serjil.
Dolores Caravaca, por su parte, incidió en su declaración ante la sala su amplia formación de calle y su larga experiencia también en el tejido asociativo y vecinal de la ciudad, mientras que José María Martínez, técnico del Serjil, explicó por su parte el funcionamiento de dicho servicio de preselección de personal municipal.
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