‘Pirouette’, los giros que da la vida
Iniciativas
La gaditana Alicia Ángel Ruiz cuenta sus aventuras en la apertura en Jerez de una escuela de danza
La pandemia y la burocracia no han sido obstáculos para cumplir este sueño
Alicia Ángel Ruiz nació en Cádiz hace 45 años, aunque vivió tres décadas en Madrid con su familia, que también es originaria de la provincia, zona que visitaban con asiduidad. Sus padres, con la jubilación, decidieron regresar a sus raíces, a El Puerto, y ahí tienen ahora su casa. Alicia también siguió la senda y se vino al Sur. Vendió su casa, dejó su trabajo en una oficina por las mañanas y su empleo como profesora de danza en su academia por las tardes. “Puede parecer una locura, dejar dos trabajos para venirte a Cádiz, pero lo hice. Aquí estaba mi familia, que tira mucho. En Madrid tenía hasta mi propia asociación, ‘Aires de Cádiz’, que sigue activa con antiguas alumnas”, cuenta.
Pero todo tiene su origen en la madre de Alicia, Isabel Ruiz, profesora de danza española y flamenco en Madrid. De ella heredó Alicia la vocación, lo mamó desde niña. Después del colegio, por las tardes, se metía a bailar en las clases de su madre. “Así que lo llevo dentro, ya no sólo por ella, sino por ser del Sur también, creo. Esa esencia tan especial. Siempre fui partícipe de su escuela hasta que llegó un momento, con 15 años, que me preguntó si quería dedicarme a ello de manera profesional. Mi madre no fue profesional, digamos, no lo estudió, pero llegó a tener hasta 200 alumnas. Se hizo muy famosa (ríe) porque las sevillanas fueron un boom en Madrid durante un tiempo, así como las fiestas rocieras. Su base la adquirió en Andalucía”, explica.
Alicia terminó la carrera de Danza Clásica Española en el Conservatorio de Madrid. Un tiempo que recuerda con mucha satisfacción, pero a la vez muy duro. ”Ahí te olvidas de vida social: yo era estudiar, bailar, bailar y estudiar todos los días, excepto domingos. Ni cines, ni amigas, ni nada, pero me llenaba porque me gustaba. Una carrera dura, con sacrificios, muy exigente, o vales o no vales. Puedes tener cualidades y no aprovecharlas o no tenerlas y trabajar duro pero no conseguirlo. No me arrepiento de nada, tengo mucho que agradecerle a la danza porque todo lo que tengo es gracias a ella. Es que me dedico a esto desde que tengo uso de razón”.
Durante la carrera, Alicia empezó a dar clases en la escuela de su madre, a introducir nuevas ideas como clásico español y escuela bolera, que antes no se ofertaban, lo que le permitió pagarse sus estudios. “Ese espíritu de sacrificio es el que veo que falta muchas veces aquí”, asegura.
Alicia heredó la escuela. Pero su separación y que sus padres hubieran regresado a Cádiz le animaron a venirse a El Puerto, aunque reside ahora en Jerez. “Sí, tenía la escuela, una casa preciosa y un buen sueldo, pero me sentía sola, vacía. Me vine porque por suerte me lo podía permitir. Tuve a mi hija y a los pocos años me surgió la oportunidad de dar clases de ballet en un centro deportivo jerezano, donde he estado siete años. Poco a poco fui a más, pero necesité nuevo espacio, volar sola y me lancé a crear ‘Pirouette’, mi escuela”.
Pero, zas, antes de abrir, con todas las autorizaciones pertinentes, que tardaron lo suyo, llegó el estado de alarma. Y hubo que parar. “Me asusté mucho porque me quedé sin ahorros y sin negocio. ¿Y ahora qué hago? Claro, si lo llego a saber, me hubiera esperado a ver cómo evoluciona esto... Es lo que le ha pasado a muchas empresas y autónomos, una situación muy delicada, difícil y triste. Es increíble que hagamos una inversión, que apostemos por abrir negocios y desde el Ayuntamiento se nos pongan tantas trabas. La burocracia ha sido lenta. Aún así, puedo dar gracias por fin. Abrí. La academia me da para pagar, lo justo, pero para pagar gastos, sin mucho margen. A ver qué pasa ahora con esta pandemia”.
Alicia dice sin embargo que lo mejor de todo ha sido volver a Cádiz. “No me arrepiento, no volvería a Madrid, a Torrejón, aunque allí pasé gran parte de mi vida, mi infancia, mi juventud, que fue maravillosa”. Habla en profundidad de su profesión, de los beneficios de la danza a muchos niveles y para todas las edades. “He bailado muchísimo como profesional, pero ser profesora, docente, es muy gratificante, no tiene precio. Una cosa es saber y otra muy distinta es saber enseñar”.
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